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Tue, Oct

El Duende Quema

Arte & Cultura
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En 1936 aconteció una cosa rara en la casa de don Apolinar Sánchez, increíble e inexplicable, pero tan cierto como la luz del día.

 

La casa estaba en la cuarta sección de Juchitán, en la calle 5 de Mayo, centro mismo de la ciudad. Unos angustiosos gritos de socorro fueron oídos por la vecindad. Con la servicialidad innata de aquella gente, todos acudieron presurosos al lugar de donde había partido el llamado.La casa de Sánchez estaba envuelta en imponente llamarada apenas iniciada. La apagaron y se retiraron. Todavía se comentaba el incidente y se discurría sobre el origen de la llama, cuando se escucharon otros gritos de socorro. Acudieron nuevamente y volvieron apagar la llamarada que otra vez había iniciado.

El incendio no se detuvo aquí. Se siguió repitiendo y apagándose varias veces en la misma noche, al día siguiente y por varios días, hasta imponer un terror que obligó a acrecentar los cuidados. Algunas veces se levantaba la llama de entre las mazorcas de la troje; otras en la puerta, en el techo, en el alero, en todas partes. Duro más de un mes y después, por intervalos, llegó a durar totalmente casi un año.

Llamaron al párroco quien, vestido de sus ornamentos, bendijo la casa recitando sus oraciones. Con su hisopo la roció de agua bendita; pero el incendio siguió repitiéndose hasta que por sí solo se sostuvo, sin que hayan sabido nunca los motivos de su principio y de su fin. El dueño de la casa descendiente de Cádu Dúúri de quien se dijo que estaba “encantado” en la gruta de Masahuí. Los ancianos creyentes aseguran que lo sucedido fue una visita admonitoria del espíritu del que quedó “encantado” en la gruta, aun cuando otros dicen que fueron travesuras de algún duende.