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Wed, Nov

Cuenta la leyenda que un señor iba caminando rumbo a la playa del Mar Muerto y en lugar de tomar el camino largo cruzó por un atajo por la orilla del cerro, iba caminando por la vereda sin bajar al pueblo y se dirigía a pescar; de pronto escuchó un ruido entre la hierba y al mismo tiempo salió una gallina con sus pollitos, el hombre quedó sorprendido “¿qué hace una gallina tan lejos del pueblo y de madrugada?” se preguntó. Luego de dos kilómetros, llegando al campo de base ball, cerca de los sembradíos… ¡otra vez apareció la gallina y los pollitos! El hombre comenzó a tener miedo y a sospechar “¿cómo es posible que tan rápido haya caminado esta gallina?” Pero no se acobardó, siguió su camino y llegó a la laguna, se quitó su pantalón, tomó su atarraya, su canasto y al levantar la vista ¡con espanto miró de nuevo a la gallina y a sus pollitos!, como era un hombre “corajudo” se armó de valor, sigilosamente preparó su atarraya, se acercó despacio y la lanzo a la gallina y a sus críos.

En Juchitán muchas personas conservan todavía sus pozos. Cuando llegó el agua potable - agua de tubo - como también le llaman. Muchas personas taparon sus pozos. Los llenaron de basura y si hubiere escombro pues ahí lo vaciaban en el pozo. Hoy observo el pozo de la casa que su agua se pone turbia si hay réplica o de plano temblor como al de ayer en la mañana. Lo sucio del agua nos da el grado de intensidad del temblor.

En el 81 28 de la avenida Efraín R. Gómez, la calzada que va del río de las nutrias al panteón Domingo de ramos (calzada, así le decíamos luego que la pavimentaron hará cosa de cincuenta años; previamente habían excavado la longa zanja que recibió los tubos de drenaje -servicio apenas iniciado en estas tierras por entonces-, ahí mismo se colocó la tubería conductora del bienhechor agua potable), en el 81 28 –digo- se mira el cascarón de lo que hasta hace poco fue la casa que resguardara los descansos, los sueños, los afanes, de Amelia Caballero, Mella que le decían los vecinos mayores, voz que aprendimos a decirle los menores.

Buenos días, dicen las garnachas, desde la sartén que grita su hervoroso entusiasmo. Buenos días, enuncian las empanadas desde la dorada capa que las cubre de una mañana que no termina de desperezarse. El pollo (la blanca pechuga, el anhelado muslo, las alas emprendiendo el vuelo hacia el cantarino aceite), apresta sus afanes para el regusto de los comensales.