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Tue, Oct

¿MEGALITOS EN TEHUANTEPEC?

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“En el cerro de Tehuantepec habían muchos jaguares sangrientos que mataban y aterrorizaban a los moradores. Decidieron ir a ver a un famoso brujo huave para pedirle que los liberara de los tigres. El brujo hizo salir del mar una gigante tortuga que se arrastró lentamente hasta el cerro. Los tigres bajaban en dos hileras cuando la tortuga llegó. Fue tal el susto al verla que se volvieron piedras.


Pero también los zapotecas tenían mucho miedo. Pidieron al brujo que se la llevara; y éste, la transformó en una gran roca al pie del cerro”.

La leyenda del guie’bigu de San Blas Atempa

Sí, todos las vieron, todos las hemos visto. Ya algunos con su fantasía les hicieron leyendas y les pusieron nombre a algunas de ellas: guie’ bigu, guie’ xhunaxhi, guie’ niza, etc. Otros su tiempo a la reflexión cuando su paso a San Blas por el portillo de Guichivere o de allá para acá, pero nunca pasaron desapercibidos para los ojos del transeúnte los megalitos de Tehuantepec, al que llamaremos Ca’guiengula sti’ Guisi’i.

Esas piedras enormes que miran al oriente y parecen descender de la cima del Dani guie’ béedxe, para dirigirse al mar o a las huertas aledañas en grotesca caravana. Guarida de forajidos, descanso del fatigado adolescente al pastorear por las laderas a sus cabras. Atalaya de viajeros y lugareños para admirar las extensas sementeras que circundan la población o, para divisar al lejano mar Superior e Inferior que, cuando despejado el día, se ven sus olas y su azul intenso.
Se les llama Megalitos (del griego megas, grande y lithos piedra) a las piedras gigante empleadas en el paleolítico en monumentos que sobresalen principalmente en la Europa Occidental, donde sus habitantes del paleolítico superior usaron estos materiales por primera vez, época importante de la historia de la humanidad en el que se introdujo el concepto de construcciones conscientemente proyectadas para perdurar a través de los tiempos. Fueron construidos casi siempre en los lugares más visibles con el propósito seguramente de llamar la atención hacia ellos – refiere un estudioso - , e impresionar tanto a sus contemporáneos como a las generaciones futuras.

Los monumentos megalíticos se dividen en tres categorías fundamentales:

A).- Las más sencillas son las formadas por simples monolíticos en posición vertical. Llamados menhir, palabra céltica que significa “piedra larga “, al que conoceremos en zapoteco como guie ziùula.
B).- Los Cromlech y alineamientos, los primeros cuando son grupos de menhires dispuestos en círculos o semicírculos y los segundos, cuando solamente están distribuidos en hileras paralelas alineadas “como un desfile de varios kilómetros de largo “, que denominaremos “do’o guie “, y
C).- Los dólmenes, que son construcciones o estructuras techadas, cubiertas, tumbas, sepulturas.

Estos enormes monumentos, según los estudiosos, rara vez están situados a más de unos pocos cientos de kilómetros del mar, y que se hallan en lugares tan distintos en Europa, desde Escandinavia hasta las costas de Italia, siendo las más famosas las de Stonehenge, en Inglaterra.

Si a estos datos agregamos lo que nos proporciona Bradomín en su Historia Antigua de Oaxaca, de que la presencia del hombre de la remota Edad de Piedra en suelo americano y particularmente en Oaxaca es tan antigua como la de los primitivos cavernícolas del viejo mundo, contemporáneo del glyptodón y del mamut, lo mismo que sus congéneres del Antiguo Continente, es también troglodita; y que tiene en la cueva o la caverna ( en el caso de Tehuantepec podría ser la cueva de Lieza ) un refugio natural para protegerse de los rigores del sol, de la ventisca, del frío y de la lluvia, así como fueron su fuente de alimentación la pesca en los grandes ríos como Mixteco, el Verde, el Papaloapan y el Tehuantepec, la caza y la recolección de frutos y raíces de ciertos vegetales y cubren en parte su desnudez con las pieles de los animales caídos en la caza, veremos que estas enormes piedras de Tehuantepec podrían considerarse como parte de ese legado de “ piedras misteriosas “, Y curiosamente reúnen todas las características de aquellos monumentos del paleolítico europeo, porque son menhires ( piedras largas ) guie ziuula, como acordamos anteriormente, distribuidas en una sola hilera que va o desciende del Dani guie béedxe y, que las situadas en la cima, a los pies o debajo de la ermita de la Santa Cruz del Cerro del Tigre, por su colocación, correspondería a los dólmenes, al que nosotros llamaremos: baa guie ( tumba de piedra ).
Debido a los fuertes movimientos telúricos registrados en esta zona sísmica del Istmo, se han dispersados en forma irregular al fragmentarse estos sólidos monumentos.

El enigma de estas enormes piedras, ha creado entre los zapotecas de la zona de Tehuantepec, leyendas singulares y hermosas, que nuestros ancestros crearon para responder a las interrogantes de sus hijos, de sus nietos. Y una de ellas es la que aparece como epígrafe en este trabajo. Otra, es la de NDREGUE’TU´. La historia refiere que este personaje llamado Andrés, fue un panteonero, un enterrador, de allí su sobrenombre de gue´tu´: muerto, difunto. Ndré gue´tu´- el primero, porque hubo otro posterior, más reciente-, fue quien levantó y trasladó a los que sucumbieron en aquellos días de estragos para Tehuantepec, cuando el cólera, a fines del siglo pasado. En un macabro carretón los trasladaba a la gran fosa común que ex profesamente fue abierta a un costado del panteón “El Refugio “, precisamente a un lado del guie bigu, la piedra de tortuga.

A cualquier hora del día o de la noche, el espectáculo dantesco era el mismo, cuando el enorme carretón cruzaba la ciudad. Colgaba en él una campana que sonaba en el trayecto, y junto a ésta, la luz mortecina de su linterna que lo guiaba en la oscuridad rumbo al panteón, y que complementaba el espectáculo aterrador, donde Ndré gue´tu´ era el protagonista principal. Por eso, cuando lo escuchaba venir, corrían despavoridos a esconderse. Esa imagen quedó grabada en la memoria del pueblo: ¡cuidado, viene Ndré gue´tu´ recogiendo a sus muertos! Y que después, fue frase para amedrentar a los jóvenes para no trasnochar y recogerse temprano. De allí vino la leyenda sobre él. Que solía vérsele después de muerto,descansando sobre aquellas enormes piedras cuidando a sus muertos cuando caía el sol….
Otra leyenda también contada, es que fueron unas mulas cargadas de oro, cuando los españoles saqueaban Tehuantepec, y que los zapotecas petrificaron cuando su huída, para castigar el saqueo que hacían de su pueblo.

En la actualidad, peligra su deterioro y su desaparición por la mancha urbana de Tehuantepec y San Blas que la ha invadido en parte, y ven en ellas fuentes de abastecimiento de materiales pétreo para los cimientos de sus casas. Sea pues, este trabajo, un primer intento por llamar la atención e interés de los estudios e institución destinadas a preservar monumentos y sitios históricos de México y, que si no son megalitos del paleolítico, bueno; como simple capricho de la naturaleza que dio como la Bufa a Zacatecas su leyenda, en ese sentido debe también preocuparnos por su conservación como patrimonio cultural del Istmo de Tehuantepec, y compartir así nuestra historia y nuestras leyendas, con quienes gustosos llegan a nosotros, y juntos disfrutemos de ese “ maravilloso legado de Piedras”.


Guxhibere, Guisi’i Lula’a, beu xhandu’ 1992.