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Fri, Sep

Daniel C. Pineda y la “Última Palabra”*

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Un grupo de jóvenes, amantes de lo bello y la cultura zapoteca, se reunían de cuando en cuando a charlas en casa de Benjamín Orozco, Min Chíítu, en la calle 5 de Mayo, en Juchitán.


En la hermosa mañana de un domingo de Abril de 1909 el joven compositor Daniel, apasionado de la música, tocó su mandolina, interpretando bellamente su última composición, una sentimental mazurca que sus amigos aplaudieron con emoción.
El autor propuso que algunos de los concurrentes le pusiera nombre. Los amigos le pidieron que la repitiese y la volvió a tocar con más gusto.
Mientras todos pensaban y buscaban el nombre más propio para la linda pieza llego, fatigado y desconsolado, el joven Delfino Jiménez. El también suplico a su amigo, Daniel que tocara otra vez la mazurca. Después de oírla dijo: Si me permiten, yo le pondré el nombre; pero antes les contare algo que también es romántico, sentimental y dulce como la misma composición de Daniel. Hace un momento platicaba enamorado y orgulloso, con mi encantadora shúncu, en la ribera del río, de bajo de un árbol frondoso que murmuraba tenuemente una canción primaveral. Seria y resignada, ella oía el preludio de mi platica y cuando yo más seguro estaba de que era sola mía, repentinamente quebró conmigo invocando, acongojada, celos de otro amor. Pero decidida, me dio la mano para una despedida final y exhalo un suspiro, tal vez para dejarme embriagado y triste con mi dolor. Ni mis ruegos ni mis suplicas valieron para justificarme ante ella. El dolor hizo callar al joven Jiménez y solo entre suspiros pudo añadir: Amigos míos, por lo que acabo de contarles, permítame, que la mazurca lleve el nombre de “La Última Palabra”.
Los amigos oyentes, que conocían bien los idilios de Delfino con su amada, aprobaron el nombre propuesto por ser muy atinado y como recuerdo de ese amor.
Ha transcurrido mucho tiempo desde ese día y la mazurca de Daniel no envejece. Se toca mucho más porque es un lamento.

• Tomado del libro: Tradiciones y Leyendas del Istmo de Tehuantepec/Autor: Gilberto Orozco/Revista Musical Mexicana 1946