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Thu, Jul

LEYENDAS DE JUCHITÁN: EL TOLOACHE

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Dormia Cosijoeza, rey zapoteca, al amparo de su cobertor tejido con pieles de venado y plumas de garza real, y de súbito, en la gran calma de la noche, oyó el grito lastimero de una niña a la intemperie.

El Rey se levanto para recatarla y la hizo aposentar cómodamente en su palacio.
Cosijoeza tenia cinco hijos, tres de ellos príncipes valerosos, que pronto rivalizaron por conquistar el amor de la niña. Y habiendo concertado duelo para decidir por la suerte quien sería el afortunado, el rey ordenó que se diera muerte a la niña en el bosque.
Pero el esclavo a quien se dio tal orden, apiadóse de la doncella, porque era tan hermosa como esas flores que se abren a las primeras lluvias.
Mató el esclavo un conejo para dar con la sangre testimonio de que había cumplido la orden, mientras la niña iba de choza en choza buscando hospitalidad.
Refiere la leyenda, que en lo obscuro de las noches los párpados se le volvieron más negros y las pupilas se le llenaron de una luz de miedo. Así fue, a lo largo de montes y valles, hasta que de una altura divisó en el fondo del abismo una lucecita. Y corriendo hacia ella pudo entrar a una choza en que vivía un enano que cuidaba en el huerto una maravillosa flor.
-- Entiérrate entre mis pétalos
-- Dijo la flor a la niña, y esta presurosamente obedeció.
En aquella blanda y fragante alcoba pudo reparar largas noches sin sueño, mientras andaban buscándola los príncipes convertidos con cocuyos y las princesas en mariposas.
Desde entonces la rondan en vano, a pesar de que los príncipes van con linternas de oro; pero no se pueden acercar a la flor, porque ésta despide venenoso aroma. Como la flor y la niña juntaron para siempre su carne, si alguien masca las hojas de la planta hospitalaria, pronto siente un raro malestar, los ojos se le hinchan y se le negrecen los párpados.
Dicen los campesinos del rumbo que si alguien pisa el “toloache” o yerba del diablo, se le pierde el camino si es de noche, o se ven rodeados de serpientes, si es de día.
Y las mariposas, que acuden en busca de miel a las corolas azules, (3) se atontan como si quedaran imantadas.
Tal es la flor de la leyenda de la flor zapoteca, a que se refiere don Cecilio Robelo y de la que se dice por sus efectos narcóticos los indios la estiman hasta la reverencia.
Cuando pasan las lluvias y los maizales se ponen más verdes, la princesa sale de su escondite para buscar cadáveres de cocuyos caídos.

(1) Del Libro México Impoderable de Dn. Rafael Heliodoro Valle
(2) Otra versión de la leyenda
(3) Esta flor de la leyenda, guieexolo en didcha zaa, la hay azul y blanca: es muy hermosa y despide un aroma suave –Nota de la redacción.
Articulo publicado en NEZA / Num. 18/ Año II / México. D.F. Noviembre de 1936.