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Tue, Dec

Carta a Riaana Beligui

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¿Por dónde empezó mi corazón a inflar la palabra, a deletrear la aurora? Te escribo arrancándome la lengua, las plumas de estas alas que volaron con tus pupilas.
Cada palabra la pongo en la jaula que hicimos cuando temblabas mariposa azul en cada juego. Cuando nos besó la sal y asomó al balcón de nuestros labios la historia, el cuento de la abuela.


Hoy todos los soles del día me llevan a recordar cuando te quitabas el tiempo de las uñas y brincabas de una nube a otra como pescadito de plata. Cada brizna de silencio era tu sonrisa en juego, las estrellas estrellándose en tu boca.
Un día la muñeca de trapo abrió su bolsa y metió en ella todo el horizonte, nos abismó la noche y tuvimos que andar a tientas, envolviendo a la tiniebla con nuestras manos para que tropezara, nos quitó el oído y condenó a andar insomnes.
Fue cuando pensé y escondí en pumpos nuestros corazones solos, cuando caminé los ríos de la memoria y clausure sus puertos. Fue también cuando apoyé en el centro de tus manos esta soledad y cuando me diste la mitad de la noche para amarte.
*Tomado del libro “Soledad en Sitio”/Autor: Dionisio Hernández/Editorial: GIFRI 2000