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Tue, Dec

La boda en Tequisistlán

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Las bodas en Tequisistlán conservan parte sustancial de como la practicaban los antecesores. No ha cambiado mucho. Es así. Una vez que los novios desean matrimoniarse, los padres fijan fecha para pedir la “mano”. En este encuentro se acuerda la fecha para el enlace y los familiares de la novia solicitan el “derecho entero”, esto significa: el novio debe dar una res, panes, carros de leña, pollos, mezcal y bebidas para las madrinas de la novia.

No todos cumplen con este legado, ahora, más bien, depende de las partes. Los preparativos de la boda religiosa son para el novio. En el templo reciben los sacramentos del casamiento: anillos, arras y lazo. La unión de los contrayentes de manera legal es en casa de la novia. Este acto social, por lo general, suele disfrutarse, por dos días y acostumbraba hacerse por la noche y en enramadas.

Éstas ya se guardaron en baúles para el recuerdo. La misma suerte corrió la famosa balana, consistente en mostrar la “pureza” de la futura esposa. En modernos domos, ahora, los papás del novio reciben invitados y ofrecen un platillo.

El brindis, el vals, la gallina ciega, el ramo, la botella, el beso, el mediu Shiga y el cantarito son bailes tradicionales del casorio. Hay una mesa de cooperación que da a cambio un presente. Las mujeres en regalo y varones en cartón de cerveza al hombro, asisten. Es una forma de cooperar. Ya madura la celebración se anuncia lo recolectado en el ritual del mediu Shiga. Si la jícara de la novia recibió más, ella, llevara la “voz cantante” y viceversa.

Creencia pura. Finalmente podemos, decir que, Tequisistlán, se sostiene en tradiciones con fuerte arraigo de la etnia dominante en la región. Sus bodas tienen matiz zapoteco. La historia y la geografía explican esta conducta social. En la mayoría de los pueblos del istmo se practica la boda del Mediu Shiga, del cantarito y la balana. Bastante hermosa, por cierto. Y, única en el mundo.

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