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Thu, Feb

Operador de un Aguila de Acero

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En uno de los tantos días de aquel mes que se pierde en los laberintos del recuerdo, fuimos invitados a un desayuno por el bardo de la escultura Moisés Cabrera Orozco, en un reconocido restaurant de esta localidad, donde nos encontramos con el amigo de siempre Juan Heriberto Ruíz  Chiñas, con quien entablé pláticas sobre temas triviales, que únicamente causaban risas. Repentinamente, se me ocurrió preguntarle quién había apodado “juánchi”, contestando –parece que “Tarú”, él mismo apodó a Héctor Santibáñez< Olivera “Zapopan Romero” porque andaba aprendiendo a manejar bicicleta y accidentalmente chocó contra la banqueta de la casa donde hoy en día está la Casa del Pintor.

Después de estos comentarios, surgió el tema sobre la persona de Tarú es el segundo piloto aviador que el pueblo juchiteco ha dado, porque el primero  fue Lucio Chiñas Luis..-Espetando Juan Heriberto, -a propósito de Lucio Chiñas, fue mi tío, hermano de mi madre, mis abuelos se llamaron Esteban Chiñas y Cliseria Luis.

“Nos comentaba mi mamá que Licio a muy temprana edad se sentía soldado, porque se colocaba la escoba sobre sus hombros y marchaba diciendo: uno, dos, uno dos… Mis abuelos veían y sonreían.

De esta manera surgieron los años, Lucio se convirtió en adolescente y aprendió el oficio de platero o joyero. Empero, un día no esperado, apareció en los portales del palacio municipal, un anuncio, donde el gobernador del estado de Oaxaca de aquella época, invitaba a los jóvenes a estudiar la carrera magisterial. El tío Lucio apresurado le anunció a su padre de aquella oportunidad, propuesta que fue aceptada por mis abuelos.

Llegó el día de partir, los participantes y familiares se citaron frente al inmueble municipal, en el espacio se dibujo la presencia de Daniel Pineda Corcia, Germán López Trujillo, Lucio Chiñas Luis y otros paisanos más. De esta manera se despidió a los aspirantes a  Profesores. Al paso del tiempo el tio Lucio concluyó su academia magisterial nivel primaria; y siempre comentaba que el profesor Daniel Pineda Corcia eras un hombre muy inteligente e inclusive participó en un concurso de oratoria yt ganó el primer lugar. Más tarde se apunto en otro concurso del arte de hablar con elocuencia en la ciudad de México, donde le quitaron el gallardete y lo situaron en segundo lugar. Se cuenta que el público presente se inconformó con rechiflas y la presea se lo dieron al hijo de un político de aquel entonces.

El tío Lucio ejerció la docencia durante un tiempo, pero dado a que el gobierno no les pagaba en forma oportuna porque transcurrían seis u ocho meses no se veía claro, le hizo saber a sus padres que ya no quería seguir  prestando sus servicios  a la docencia que mejor renunciaría y además que no tenía carácter para estar soportando griterío de infantes, y que lo mejor era integrarse al ejército. Mi abuelo se opuso y le dijo: -mira Lucio, si te sales con tu tonto capricho, considera que ya no tienes familia. El tío no dijo nada más y se retiró del escenario.

UN DIA, que no puedo precisar porque mi madre no nos pudo comentar, el tío desapareció emigrando a la ciudad de México donde ingresó al glorioso Colegio Militar, ahí egresó con el grado de Subteniente y como estaba sentenciado por el abuelo, ya no arribó a su tierra natal. En el transcurrir de los años, alcanzó el grado de Teniente y participó en la escuadra militar aérea.

UN 26 de mayo de 1935 arribó en suelo juchiteco un aeroplano comandado por el Capitán José Pérez Allende, donde estaban integrados, el teniente piloto aviador Lucio Chiñas Luis, José Preciado Acosta, Isaias Francisco Aguilar, Filiberto Mendívil Gómez y el sargento mecánico José Paniagua.

Los operadores de naves aéreas, para no olvidar a sus finados en esta aventura, aprovecharon la ocasión para denominar el campo de aterrizaje (hoy campo deportivo municipal) con el nombre de Leopoldo Suárez Alcázar.

Por las tardes, los guias del aeroplano Isaias  Francisco Aguilar y Lucio Chiñas Luis, invitaron a las bellas y simpáticas damas Sofía Cazorla Vera y Maria Luisa Musalem Cruz, a un paseo bajo el cielo azul del Istmo de Tehuantepec y en breve retornar al campo de aterrizaje. Al arribo de Lucio a la ciudad, fue como reguero de pólvora la noticia que llegó a oídos del señor Esteban Chiñas , mismo que se negaba ir a recibir a su hijo desobediente. Sin embargo, a insistencia de la señora Cliseria quien dijo: Esteban, ve al campo a saludar a nuestro hijo Lucio y dile que quiero verlo y abrazarlo como cuando era niño.

Bajo aquella súplica, el progenitor de Lucio se hizo acompañar de su primo Gaspar Chiñas y otros vecinos. Llegando al lugar de aterrizaje Lucio estaba dialogando con sus colegas y las damas, cuando repentinamente divisó la avejentada silueta  de su progenitor, abandonando de inmediato la reunión e ir al encuentro con su padre y acompañantes. Ambos se abrazaron efusivamente, exhortando el señor Esteban “hasta que cumpliste con tu capricho y además quiero que olvides todo lo malo que te dije”. Traigo un recado de tu mamá: que si quieres y tengas tiempo que vayas a verla, porque está ansiosa de verte. Lucio abandonó  por un momento a su papá para hablarle al comandante de la planilla y encaminarse con su padres, tío y vecinos rumbo a la casa, donde aguardaba su madre. La señora Cliseria abrió sus brazos en cruz, para darle la bienvenida al hijo consentido.

Después de un cálido recibimiento por el rumbo de la Iglesia de El Calvario, Lucio abandonó el recinto familiar para incorporarse con sus compañeros y emprender el vuelo abandonando suelo juchiteco.

En el transcurrir de los días, una doliente noticia llegó al pueblo  anunciando el lamentable deceso del Capitán Piloto Aviador Lucio Chiñas Luis, al despegar sobre una pista improvisada donde el aparato perdió potencia y se estrelló contra un cerro en Tayultita, Durango. El pueblo juchiteco recuerda siempre a tan valeroso juchiteco.