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Tue, Dec

Balahna

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Aquella noche, como en otras tantas, simulé dormir para pillar las conversaciones de los viejos. Así escuché de abuelito un relato acerca del baláhna, ceremonia ritual que las gentes del Istmo de Tehuantepec heredaron de los antiguos zapotecas, sus ancestros.

Y aunque nunca la traducción da una idea exacta de lo que se quiso expresar en la lengua o dialecto de origen, me atrevo a decir la palabra zapoteca baláhna volteada al español, significa virginidad.

En Juchitán y Tehuantepec, –donde todavía la tradición,– sigue el curso de los ríos – al día siguiente a la noche de bodas o de un rapto, las amigas de la pareja lucen prendido entre las negras crenchas un rojo tulipán; y los amigos la llevan en el ojal de la camisa o en la cinta del sombrero.

Su color de sangre pregona a los cuatro vientos que el hombre cosechó las primicias. Mas si esto no sucede, la honra de la mujer se muerde en el cuchicheo y no falta quien sonría en el pensamiento cuando el pobre marido cruza por la calle. Además, puede afirmarse que casi nadie burla está costumbre; pues la “gente grande”, –parientes y amistades de edad madura– en la noche de bodas monta guardia a las puertas del tálamo hasta las últimas horas de la madrugada, para recibir, en una mascada blanca, la manifestación de la virginidad gozada.

Esto es el baláhna. Y su símbolo, la flor de tulipán. Pero dejemos la palabra al abuelito.
–Esto lo contó el viejo Chico Mau, una noche que acampamos cerca de Guígu-Beu. Andábamos cuidando el ganado porque decían que el diablo … – “¡Ave María Purísima!– interrumpió tío Secundino.
–“¡ Sin pecado concebida, ñor seco!– respondió ñor Chente, haciendo todos la señal de la cruz”.
“¡ Pero persinen a esa criatura ¡” Y sentí, sobre mi frente la amorosa mano del abuelo.
–“… Pues sí; decían que le diablo, vestido de charro con botonadura de plata, antes de la media noche se aparecía montado en un caballo melado, haciendo gritar al viento con su chicote de dos puntas, para arrear el ganado rumbo a Totolapilla. Pero a veces, por andar metido en el cuerpo de los hombres, se le hacía tarde; y si al silvar el chicote cantaban los gallos de las rancherías, huía espantado. Este de que les hablo dicen que tenía dos cuernos; pues deben de saber que también hay de uno …
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–“ ¡Pero si el cura Miguelito dice que hay de tres, y que son los mas malos! – exclamó ñor Chente, para que no lo creyeran tan dejado.
–“¡ Yo nunca he visto de esos! – protesto el abuelito mortificado; y ensalivando su cigarro de totomoxtle, continuó su relato: “ … Dijo Chico Mau que cuando la tarde venía bajando de los cerros, al regreso de su milpa, Ché Mixtu veía a Brígida, camino del mercado, cruzar el río por el barrio de Lieza, recogiéndose la “naguas” hasta más no poder.

Y seguía con la vista, por el chamizo de la playa, los pasos de sus pies desnudos que parecían no tocar la arena, hasta que el rojo del “huipil” se hacía un punto entre el caserío tendido en el ribazo. “ Después esperando el regreso, jugaba entre sus labios una vieja canción : “ Van cantando por la sierra , con dulce melancolía; son los cantos de mi tierra , cuando va muriendo el día…”.

Al poco tiempo Ché mixtu y Brígida cruzaban el rio cogidos de la mano. Y un domingo, en la enramada de la casa de ñora Chión, –mamá de Brígida– celebrabase el baile del casorio. Como de costumbre, se bailaron todos los sones sin faltar la Zandunga y el Mediu-Shiga. Ya cuando el mezcal estaba volviendo locura la alegría, se empezaron a romper los trastos, para significar el cambio del estado de la mujer.

“En la madrugada del siguiente día, la “gente grande”, que esperaba en las puertas de tálamo para recibir en la mascada blanca la manifestación de la virginidad gozada, impaciente por la tardanza sospechosa, entró por la violencia encontrando desnudo el cadáver de Brígida y con la cabeza cercenada a machetazos.

“Nunca se supo con certeza sobre el fin de Ché Mixtu. Pero se dice que se arrojó al río y fue su cadáver hasta el mar. Y que algunas veces, de noche, se le ve parado por el barrio de Lieza, esperando el paso de Brígida para reprocharle su perfidia. O acaso para contemplar, como en tardes felices , el ritmo de sus pies desnudos que aparecían no tocar arena.

“ Y antes de que canten los primeros gallos, –dicen también las gentes– la sombra se pierde en el chamizo de playa, que como inmensa sábana blanca, cada seis meses se tiende entre los brazos del río para secarse al sol … “.

*Tomado del Periódico : NEZA
MEXICO, D. F., OCTUBRE DE 1936 Núm. 17 Año II