21
Fri, Sep

Los taganeros de ayer

Articulos
Typography

 

En las primeras décadas del siglo pasado, Juchitán vivía con cierta inocencia y sin malicia, toda la sociedad se conocía y se trataban de familiares, la población era pequeña.
En ese tiempo no toda la gente tenía energía eléctrica y el alumbrado público sólo estaba en el primer cuadro. En las épocas de calor sofocante, las familias enteras solían dormir con mucha confianza en el patio de sus casas, las mujeres dormían en catres, mientras que el hombre de la casa prefería la hamaca, los niños por lo general en petates a un lado de los padres.

La gente confiaba en sus vecinos, pues de alguna manera se cuidaban mutuamente durante el día, al llegar la noche después que los niños caen rendidos de sus juegos infantiles como cinco piedritas, ¿quién tiene laganiu´?, mbi qui´, entre otros, finalmente llegan a tomar su café acompañándose de un pedazo de totopo y queso y a dormir; los señores después de su faena laboral cenaban y descansaban profundamente y todo mundo durmiendo para reponer sus energías pérdidas.

Pero habían jóvenes adolescentes que estaban despertando a la vida, su rápida madurez sexual les exigía atreverse a salir bajo el amparo de la oscuridad de la noche a explorar el terreno prohibido, donde sabían que su atrevida aventura, era tan excitante como peligrosa. Este joven a semejanza del mapache conocido como gá ana´ en zapoteco, que sale de noche sigilosamente para satisfacer sus necesidades, valiéndose del tacto, de ahí el nombre de ta´ga´ana´ que ya castellanizado es taganero, su obsesión es llegar sigilosamente al amparo de la oscuridad en donde duerme la mujer y con las manos por delante tocar suavemente el sexo femenino, la hora no importa, entre más tarde mejor, su preocupación era evitar que despertarán de su letargo somnoliento, si la mujer era de sueño profundo la caricia era profunda, pero si la mujer se daba cuenta pedía auxilio para alertar a la familia de la presencia del intruso, inmediatamente los hombres se paraban para tratar de capturarlo y pegarle, pero aquí entraba la agilidad del taganero que corría como alma que lleva el diablo.

*Tomado del Libro: Juchitán testimonios de un pasado mágico.
Autor: Gonzalo Jiménez López