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El Diablo Cojo

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-Cuando Cristino y yo nos casamos, allá por el año de 1940, nos fuimos a cortar café a Palizada; era cuando el café tenía buen precio. Allí en Palizada hicimos nuestro ranchito y ahí vivimos durante muchos años. No sé si te acuerdas, es por allá, por donde vivía tu tiù Lalo (Eduardo Rasgado) y tu tía Chela (Graciela Cabrera).

>> En aquel entonces, Cristino estaba de viaje con un señor llamado Firiu Gamaxhu (Porfirio Gaspar), para quien trabajaba. Cuando regreso al pueblo. Trajo café para vender, además de algunas mercancías que luego llevaría a Ranchería Chauitepec (agencia de nuestro municipio). En el pueblo cargó a las bestias – mulares – con las mercancías y luego subió a la montaña.

>>Al llegar a donde vivía la señora Elvira Espinoza, en mera Palizada Grande, las bestias no quisieron pasar, estaban espantadas, corrían por el monte; corrían cerro arriba, cerro abajo; corrían por aquí y por allá. Cristino les gritaba e intentaba juntarlas. Pero las bestias no querían pasar porque en medio del camino real estaba acostado un hombre. Aquel hombre tenía un charro (sombrero que se utiliza como cabecera o almohada). Cristino dice que aquel hombre tenía un solo pie y que la rodilla la tenía medio levantada. ¡Se veía hasta así de grande su rodilla! – señala como metro y medio de altura-.

>>Entonces Cristino le gritó: “señor, señor, por favor levántate para que pasen las bestias”. El hombre tenía las dos manos bajo la cabeza. “Señor, señor, por favor levántate, por favor arrímate ahí para que pasen mis bestias”. Peo ese señor no se movía del camino.

>>Cristino se acordó de un padre nuestro, se arrodillo y se persignó. El hombre se levantó. Luego se agacho para agarrar su sombrero y se lo puso en la cabeza.

>>Cuando se puso de pie, en un solo pie, Cristino vio que ese ser era más grande que los árboles de cedro. Vio que detrás de sus brazos tenía como alas gigantes: las abrió como hacen los zopilotes. Sacudió y con unos cuantos aletazos subió y se fue volando como vuelan los zopilotes.

>>Él, Cristino, dice que vio al diablo cojo.
>>Después él busco a las bestias, recogió su mercancía que se había regado por el camino y los montes, amarró los bultos, cargo otra vez a las bestias y siguió su camino.

*Tomado del Libro “Los Viejos Hablaron”, Relatos Dominganos sobre Nahuales, Encantos y otros seres/Nadies/13 de abril de 2018