17
Wed, Oct

Recuerdos de Juchitan

Articulos
Typography

Esperaba con ansia las vacaciones de verano cuando el sol cae a plomo en la zona del Istmo, donde soplan fuertes vientos refrescando el ambiente y despeinando las palmeras. Lugar con aroma de flores, de calles y caminos de arcilla roja; del Mercado situado en los bajos del Palacio Municipal.

Las mujeres de negros y brillantes cabellos y largas trenzas adornadas con blancas flores que daban alegría al comercio: “anda manito, compra mango” decían sonrientes. Así era Juchitan.
Anhelaba las vacaciones de verano y platicar con Chefita en su puesto del mercado y ver pasar a mi tío, el doctor Benitez, dirigiéndose a su oficina en Palacio Municipal. A su paso nos lanzaba una mirada de complicidad y reía. Medico del pueblo, presidente municipal varias veces por su honestidad y el cariño que el pueblo le dispensaba y después diputado federal.
En honor a su memoria el Hospital Civil de Juchitan lleva su nombre: “Doctor Macedonio Benitez Fuentes”.
Después de platicar con Chefita me reunía con los amigos de entonces, hijos de las familias respetables, propietarias de negocios en El Centro de Juchitan donde mi tía Lolis, Doña Lola, tenía una zapatería, luego un restaurante y otros negocios mas. Me encantaba mi tía y también mi madrina que mucho me consentía. Me gustaba pasar por ella a la hora de la comida. Pero, antes de llegar a su casa hacíamos dos o tres visitas a los negocios de sus amistades.
Recuerdo al doctor Marin, a su sobrina Amada de atractivos encantos. Primera visita una “Coronita” y un Raleigh sin filtro, por mi parte atras entre cajas de zapatos para encontrar a Amada y saber que se siente abrazar y besar y mas cosas…
Segunda visita a la casa Muzalem y otra “Coronita” y otro Raleigh sin boquilla. Me gustaba observar a mi Tia Lolis cuando fumaba porque sacaba la lengua lamiendo el labio como si fuera un dulce. Hora de la comida, momento de despedirse…
Llegábamos a casa y nos sentábamos bajo la sombra del frondoso árbol de mango y platicar con todos los familiares, mis tíos, mis padres, mis primos, la botana y la “Coronita”para los grandes y después de risas y anécdotas del día a la mesa a disfrutar los platillos regionales, quesos, guisados de iguana aunque nos decían que era pollito, chicharrón caliente, frijoles negros con epazote y el sabor que les daba el agua y la sal al cocinarlos.
Después a reposar la comida en las hamacas colgadas en el amplio hall de la casa de mis tíos o desde el balcón veíamos las “tiradas de frutas” que las bellas del pueblo, subidas en camiones de redilas, vestidas con trajes regionales y luciendo sus alhajas familiares de oro puro, tiraban anforitas negras conteniendo mezcal y dibujadas con flores a los que observábamos el desfile de las flores.
Llegaba la hora de bañarse, arreglarse y la casa se envolvía en una ambiente divertido: mis primas buscando el peine, ropa, perfumes; y nosotros pensando en la “vela” y con quien bailaríamos, a quienes conoceríamos, el enigma tenía su encanto y emoción. Mientras tanto y para refrescarnos comprábamos raspados de chipiona que nos gustaban tanto como las ciruelas curadas en alcohol que vendían las taberneras en la noche.
Las velas son 266, las de mayo y la San Vicente las mas importantes. Una noche fuimos a esa vela. Los grandes ingresaron primero a la inmensa carpa de lona vestida con adornos de papel estaño de las cajetillas de cigarros que durante todo el año reunían las organizadoras de la vela para hacer figurillas, flores y pajaritos.
—Pase usted doctor, pase Doña Lola, adelante les dijo al resto de los familiares, pero ocurrió que mi primo, y yo nos rezagamos y cuando quisimos entrar el guardia nos pregunto:
—¿y su centro?
—¿Cual centro?
—¿Pues su centro?
—-No pasan
Extrañada por nuestra ausencia mi Tia Lolis pregunto por nosotros, ¿Donde esta Ruben y Fili?. Nadie contesto. Se levanto y fue a la entrada y nos vio parados. Para que les cuento, carabina y todo lo demás no le sirvió de nada al guardia ante la molestia de Doña Lola que nos pregunto que había sucedido. Pues nos pidieron El Centro contestamos, la carcajada de los familiares estallo. En ese momento nos enteramos que El Centro es el traje que debías vestir para entrar a la vela.
Fiestas hermosas que mucho extraño y recuerdo cuando casi todos ya no están y cuando mi adolescencia hace muchos años que se marcho dejándome un mensaje: No olvides a Juchitan.

Tomado de: https://diferendo.wordpress.com