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Juana Cata

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Comenta Miguel Covarrubias: “Díaz contaba en el Istmo con valiosos aliados (1859) … Juana Cata Romero, una belleza famosa de Tehuantepec, que visitaba las barracas para jugar a los dados con los soldados. Se convirtió en la mejor amiga de Díaz, en su aliada y líder de su servicio de inteligencia. Díaz conoció de ella el movimiento del enemigo; mientras acampaba en la sierra próxima a Guiengola, Juana Cata encendió una hoguera para indicarle el momento oportuno que debiera atacar”.


El abad Brasseur de Bourbourg, la describe: “Era una india zapoteca, con la piel bronceada, joven, esbelta, elegante y tan bella que encantaba los corazones de los blancos, como en otros tiempos la amante de Cortés. Ese día vestía una falda de color verde mar, el cuerpo envuelto entre sus pliegues desde la cadera hasta un poco más arriba del tobillo; un huipil de gasa de seda rojo encarnado, bordado de oro; una especie de camisola con mangas cortas caía desde la espalda velando su busto, sobre el cual se extendía un gran collar formado con monedas de oro, agujereadas en el borde y encadenadas unas a otras. Su cabello estaba entrelazado de dos hermosas trenzas sujetas con listones de seda azul y una cofia de percal blanco adornaba su cara, … la llamaban la Didjazá, es decir, la zapoteca; la primera vez que la vi quedé tan impresionado por su aire soberbio y orgulloso, por su riquísimo traje indígena, tan parecido a aquel con que los pintores representan a Isis, que creí ver a esta diosa egipcia o a Cleopatra en persona.
Esta india, tan bella y tan seductora a los ojos de quienes se encontraban con ella, era objeto de misterioso terror para muchos otros. “Algunos la consideraban loca; la temían teniéndola por bruja y en comunicación con los naguales o espíritus del monte Ruyadeja. Además del conocimiento profundo de las hierbas medicinales y de sus combinaciones, se le atribuía un sinnúmero de ciencias de las que hacía uso según le pareciera.
Cuando … me llevó por primera vez al salón de billar con el fin de mostrarme esa maravilla, me pareció que las seducciones de su persona debían ejercer un poder más temible en aquellos que se dejaban arrastrar por sus encantos, que todos los sortilegios de sus brebajes encantados. No pude, sin embargo, dejar de encontrar algo extraño en su mirada; tenía los ojos más negros y más vivos del mundo, sobre todo cuando estaba ocupada en el juego … De pronto bajaba sus párpados y detrás de ellos salía una mirada fugaz capaz de estremecer con escalofríos a cualquiera que se viese deslumbrado … hablaba español como la dama más culta de Tehuantepec, pero nada podía semejarse a la melodía de su voz cuando hablaba el hermoso lenguaje zapoteca, tan dulce y tan claro que bien podía llamarse el italiano de América”.
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Juana Cata llegaría a ser una próspera empresaria de la industria azucarera, en 1904 en Saint Louis Missouri la premian con la medalla de plata por la calidad del azúcar de sus ingenios; en 1908 en Inglaterra en la Franco-British Exhibition, obtiene la medalla de oro.
En 1907, un periódico de México, comenta la visita de don Porfirio al Istmo para inaugurar el Ferrocarril Transístmico: “A su llegada a Tehuantepec el señor presidente fue a visitar a la señora Doña Juana C. de Romero una de las damas más ricas de aquí y que durante la guerra de intervención prestó algunos servicios al General Díaz”.
Juana Catalina visita en el Vaticano al Papa León XIII (quien le regala su solideo) con un proyecto educativo, instituye un colegio para niñas “La Istmeña”, con la orden religiosa de las Josefinas; una escuela para jóvenes “Luis Gonzaga”; y abre el “Instituto de las Artes y Buenos Oficios” para señoritas.
Juana Catalina Romero Egaña falleció el 19 de octubre de 1915, en Orizaba Veracruz, en un viaje que hacía a la Ciudad de México.
Fuentes:
Miguel Covarrubias. El Sur de México. Instituto Nacional Indigenista. México D. F. 1980. Editorial Libros de México.
Francie Chassen López. Revistas Acervos.
Julia Astrid Suárez Reyna. Raciel Rivas. Juana C. Romero. Una mujer extraordinaria en la Historia de México. 2016. Oaxaca, México.
Imágenes: Colección propiedad de Ileana Millán Romero.