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Mon, Nov

Ca’ bidxaa – Los brujos

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La provincia mexicana es rica en acontecimientos insólitos así como de hechos fantásticos inenarrables, inverosímiles si se quiere; los provincianos son por lo general creyentes fanáticos, para ellos las cosas asombrosas son obras realizadas por los cheneques, llamados también chamucos, brujos o duendes.
Uno de estos hechos increíbles aconteció en un poblado del sureste Mexicano, lugar selvático y misterioso donde se cuenta han sucedido casos espantosos, que tan sólo escucharlos, el cuerpo se enchina poniéndose como carne de gallina; en estos tiempos de avanzada cultura aún suele suceder casos inauditos; como si los malos espíritus anduvieran sueltos, flotando en el ambiente, envueltos en la nebulosa espacial, recibiendo la influencia de los astros, actuando sobre las personas para hacer el bien o el mal en determinados sitios.
La acción maligna cobra vida en esta ocasión en los alrededores de la aldea mencionada; conociendo los mitos que se pregonan por el lugar, los habitantes toman precauciones severas, al andar muy tarde por las zonas arboladas de la región; temiendo ser embrujado para toda la vida; tal y como le sucedió en cierta ocasión a un leñador y a su pareja, el pobre hombre conociendo lo peligroso del lugar, se internó con su mujer en el misterioso monte, su intención era encontrar un sitio propicio para leñar, cuando dieron con el lugar, inmediatamente s pusieron a trabajar, al poco rato, considerando tener ya la carga completa, se dispusieron a descansar en la cavidad de una de las cuevas que había en aquel matorral; esto, antes del merecido descanso, amarraron sus dos burros cerca de ellos; después se acostaron, la fatiga y el fresco de la tarde les hizo rendirse, quedándose dormidos en menos que canta un gallo.
El leñador de repente se convirtió en un viejo brujo, todo enclenque aminando en una de las veredas, de improvisos, en plena montaña se encontró con una bruja desdentada y entelerida, quien se apoyaba de un bastón todo chueco y porrudo, además liso por el uso, al notar la vieja bruja la presencia de algo extraño, inmediatamente surgieron de sus ojos intensos destellos brillantes al grado de encandilar al intruso caminante; sin temor alguno, el viejo conociendo los secretos que existe entre los Chamanes, se cubrió el rostro con las manos, protegiéndose de aquella luminosidad; y pa’ luego preguntó ¿Quién eres cabrón? al no recibir contestación alguna, volvió a preguntar ¿Quién eres cabrón? como la respuesta esperada no llegó, entonces en el suelo empezó a marcar signos cabalísticos, acción que hizo desaparecer aquella luz que lo cegaba; fue entonces cuando escuchó la voz cavernosa de la vieja bruja diciendo: -Me venciste condenado- el aludido contestó –es que mis padres son superiores a los tuyos-. Ya me di cuenta contestó la mujer, -¿Cómo y con quién trabajas?
Quiero tener tus mismas fuerzas; el brujo respondió. –Trabajo en las montañas, en la selva con los duendes y otros más, así que si quieres aprender sígueme; y la bruja para no quedarse sola le siguió.
Después de recorrer, bosques largos caminos, ríos y cañadas, llegaron al fin a una enorme cueva la bruja siendo lo que es, le entró miedo al notar lo espantoso del lugar, de momento empezó a temblar, en el interior de la cavidad se le apareció un personaje horripilante, descarnado y pelón, regañándoles por el atrevimiento por entrar a sus dominios, la desdentada mujer le sacudió más la temblorina, pidiéndole a su acompañante la sacara de aquel infierno.
El demonio de la cueva desapareció de repente, para aparecer nuevamente con una antorcha en la mano seguido por muchos esqueletos vivientes, quienes portaban huesos humanos en llamas. La bruja al no soportar la fuerte impresión cayó muerta, el dueño y el señor del lugar, al darse cuenta del trágico acontecimiento, agradeció al viejo brujo el regalo que le había llevado, ordenándole a la ve trajera sus mulas y unos costales para llevarse como premio todo el oro que quisiera.
Al salir el viejo brujo de la cueva, emitió una sonora carcajada que retumbó por todo el ámbito, en ese instante rebuznaron los burros despertando a su dueño, éste todo aturdido, se sacudió preparándose para el regreso, grande fue su sorpresa al querer levantar a su esposa la encontró muerta, alrededor de su cuerpo había cenizas y en el ambiente un fuerte olor a hueso quemado.

Tomado de: Bazendu IX, Antología de cuentos-leyendas y narraciones. Juchitán, Oaxaca, año 2001.