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Tue, Dec

Una serpiente de arena

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Una enorme duna atraviesa el corazón del pueblo de San Francisco del Mar. Antes creyeron que era una serpiente cubierta de arena que se comía al ganado, a los perros y a la gente. Ahora tiene 25 años de aquel entonces, de aquel encuentro lleno de espantos.

Los huaves son pescadores naturales; se les dice también mareños y a sus mujeres mamas. Cuatro son los pueblos huaves que conforman el grupo étnico ubicado en las lagunas Superior e Inferior en el Golfo de Tehuantepec: San Mateo del Mar, San Francisco del Mar, San Dionisio del Mar y Santa María del Mar. Estos pueblos viven de la pesca del camarón y del pescado.

La gran duna hizo cambiar el destino de San Francisco, porque lo dividió en dos: unos se quedaron prácticamente bajo la arena, y otros se fueron a San Francisco del Mar Pueblo Nuevo y quisieron vivir del campo, apoyados por el gobierno de Luis Echeverría. De todas maneras, siguen viviendo de la pesca.

Los que quedaron a ver pasar la duna a mitad del pueblo y contar después la historia, dicen:
Nosotros somos meros mareños, pescadores de camarón. El camarón lo desentierra la luna tierna y el viento y nosotros vamos buscando por donde va caminando y lo pescamos con tarraya.

La loma blanca vino caminando sola, como quien dice, la trajo jalando el norte derechito al pueblo y cada vez que hace norte empieza a caminar, avanzo sobre nosotros y no nos deja ni comer; se mete por la ventana, entierra los pies, no nos deja mirar y cuando vemos ya está en el corredor de la casa y no la podemos sacar, hasta que se come todo: tejas, barrio, otate, todo se come y sigue avanzando.

Vimos que venía de arriba cruzando esa laguna y pisando el monte. Nos dio mucho miedo porque anduvieron diciendo que era una gran culebra que nos venía a tragar. Qué se estaba acabando el ganado, que se bebía el agua, que quien sabe si no era el Bendayuse o la gran serpiente que hace producir el viento.

Fue por mil novecientos sesenta y cinco cuando empezó y cuando en el sesenta y ocho es porque ya la teníamos encima. Tuvimos que pedir ayuda y por eso fue que muchos tuvieron mucho miedo y mejor se fueron de aquí. Pero mira, todas esas casas las destruyó, aunque hay plantas que aguantaron todo ese tiempo y donde ya pasó están retoñando de nuevo.

Cuando llueve está quietecita, pero no más hay norte, empieza a caminar y a echarnos sus polvos. Y vieras que de verdad camina como una culebra, se mueve su cuerpo no es lo mismo.

Ahora ya va pasando, ya nos acostumbramos que todos los días amanezcamos juntos. Pasó frente a la iglesia, pasó a la mitad del pueblo; algunos ya hasta levantaron de nuevas cuentas sus casas.

Pero después de casi treinta años todavía tenemos miedo, no sea que en una de estas noches ya no amanezcamos y la Loma Blanca ya nos haya tragado.

Así es como es esto, suavecito lo lleva el aire, va bajando como cuando ves que un bulto camina, nomás lo notas que se mueve poquito, así es la loma.

1 Tomado de la Revista Guchachi Reza (iguana Rajada)/Publicación Trimestral/Cuarta Época/Núm. 32/Marzo-Abril 1992.