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Tue, Dec

El mutualismo zapoteca

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Aunque antaño intereses políticos dividieron al pueblo de Juchitán en dos partidos ya de sobra conocidos, ayer como hoy, el mutualismo se lleva a la práctica por mis hermanos de raza. Tienen ellos cierto espíritu de hermandad que demuestran siempre que se les brinda la ocasión. Quiero probarlo con la descripción suscinta de uno de tantos casos: la construcción de un jacal de madera y palmas.

Ella implica esta división de trabajo: el transporte de los materiales de construcción, la labor sobre los mismos para convertirlos en el elemento de inmediata utilidad, el levantamiento del armazón del jacal, el empalme y la embarrada. Describir todo este proceso de la construcción de un jacal, es largo y cansado; concretamente a la primera parte, es decir, el transporte de los materiales de construcción es actitud prudente. Sea así.

Es en gusivaa (épocas de secas) cuando se construyen las casas en mi tierra, porque entonces los caminos secos no presentan dificultades para el libre transporte de los materiales de construcción.

Unos días antes de la fecha fijada para ir al guixi hroo (monte grande), una comisión nombrada por el futuro dueño del jacal, invita a los vecinos a que preste su ayuda para ir por la madera que se utilizará para la construcción. La esposa, por su parte, nombra también una comisión de muchachas que solicita la ayuda de vecinas para la preparación de los alimentos que llevaran los hombres al guixi hroo.
Durante el día de la partida hay una gran actividad. Las mujeres preparan las provisiones totopos, cecina, frijoles molidos y refritos, cuba dxiña (pozole con dulce) que se lleva en abundancia porque muchos prefieren el pozole a cualquier otro alimento, tanto que hasta llegan a tomar dos o tres jícaras. Se lleva abundante agua en cantaros grandes que se colocan en el centro de unas redes llenas de totomoxztle; una buena cantidad de cigarros torcido a mano, de fuerte tabaco y una botella de anisado o de mezcal que ahuyenta el frio que hace tiritar el cuerpo a la hora de la partida.

El viaje se inicia de noche. Cuando ya el espacio está teñido de negro, comienzan a llegar quienes formaran la comitiva de la hermandad. Entre broma y broma se hacen los últimos preparativos. La alegría parece un elixir que rejuvenece a todos los rostros. Los que disponen de una carreta, después de darles una buena engrasada, llegan con ella al lugar de la reunión. Otros llevan las hachas filosas.

Parte al final la caravana, con esperanza y con entusiasmo.

Ya en el guixi hroo, se fija el campamento y se distribuye el trabajo. Unos se quedarán en el lugar acampando cuidando de las yuntas, carretas, alimentos y de más útiles y preparando la comida. Los otros se internan en el bosque en persecución del mejor horcón o solera. A la hora de comer, vuelven estos al campamento. El sudor que baña el rostro, denuncia la ardua labor a que se han dedicado. Y se come y se bebe cuba dxiña verdadero deleite. El ingenio propio de la gente de mi tierra lo corona todo.

Prosigue el trabajo. Al fin se dispone de todos los materiales necesarios. Se emprende el regreso. La carga impone la lentitud.

Mientras tanto, en el pueblo, la esposa y futura dueña del jacal sabedora de la fecha de retorno de los trabajadores, hace los preparativos para darles una buena recepción: café y suculenta tamalada. Mujer y marido, a pesar del cansancio del ultimo, se esmeran por servir a los generosos vecinos que les están procurando una casa.

Da gusto ver como aquellos hombres, después de cumplir con una costumbre heredada de generación en generación, se retiran a sus casas con la sonrisa en sus labios.

*Tomado del Periódico “NEZA”/Órgano Mensual de la Sociedad Nueva de Estudiantes Juchitecos/México D. F. diciembre 1935.