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Tue, Mar

Oficios en Tehuantepec

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En estos tiempos, conseguir un trabajo es cada día más difícil, y se requiere de mucha paciencia e ingenio para sobrevivir.
Cuando crees haber encontrado o logrado una opción, resulta que necesitas tener experiencia para poder ocupar el puesto; y se entiende que hay muchos trabajos que son delicados en cuestión de manejo de equipos, maquinarias o que requieren mucho compromiso, pero qué pasa con aquellas personas que tienen el conocimiento teórico y/o la habilidad para ejercerlo si no se les brinda una oportunidad, cuándo van adquirir experiencias si no les abren las puertas y les dan la capacitación adecuada, de qué sirve el estudio y la experiencia por muy mínima que se tenga.
Pero desafortunadamente el desempleo sigue creciendo, también la pobreza y la delincuencia, y qué decir del estrés y problemas emocionales y de salud física como consecuencia de preocupaciones de esta situación.
Hay muchos jóvenes en oficios que nada tienen que ver con sus estudios, pero hay otros que no tuvieron ni la oportunidad de culminarlos. Y esa no es razón para avergonzarse, debería ser una razón para exigirles a nuestros gobiernos la creación de nuevos empleos y no sólo dejar los puestos para los allegados.
Y es que no falta la crítica de la ciudadanía, “mira se fue a estudiar y termino de taxista, de vendedor, de mecánico, etc.,”. Pero ni un oficio ni trabajo digno debe dar vergüenza o ser minimizado, al contrario, es una razón para ponernos atentos y buscar ideas y desarrollarlas a beneficio de un ingreso económico para las familias y lo ideal, brindar un servicio a nuestra comunidad.
Y por esas razones deberíamos retomar el pensar de nuestros ancestros y sobretodo de nuestros paisanos sanblaseños, volver a involucrar a los niños y jóvenes a los oficios, como una forma de educación y trabajo.
Qué pasaría si dejaran de existir los talleres de carpintería, de orfebrería que con las bellas alhajas que producen, las tehuanas presumimos en nuestras fiestas y en las velas –eso sino están en las casas de empeño-, que pasaría si ya no hubiera bordadoras ni costureras, quién haría nuestros maravillosos trajes bordados, de costura, o galón.
Qué haríamos sin músicos, quienes tocarían nuestros sones en las fiestas, porque una fiesta sin sones no es buena fiesta. Y no quiero pensar de las cocineras, las que preparan el lomo horneado, relleno, garnachas y, sin las señoras que planchan holanes, ¿qué haríamos?, ni quiero pensar de los albañiles, balconeros, y taxistas, etc. Todos ellos realizan un trabajo digno que sin duda nos beneficia a aquellos que desconocemos de su tarea.
Hay personas que prefieren apretarse el estómago antes que el vecino los vea trabajando en cosas que no estudiaron, o en trabajos que no brindan un salario fijo y estable.
Evitemos el orgullo y la pena por el “qué dirán en nuestra sociedad” y enviemos a niños y jóvenes a conocer y aprender un oficio, que para estos días sería una fuente de ingreso extra, y también una forma de alejarlos del ocio, la pereza, y la vida sedentaria; ya que con este conocimiento pueden ayudarse para solventar sus estudios profesionales, como lo han hecho hasta nuestros días algunas familias istmeñas, o bien, si no tienen la oportunidad de continuar estudiando o si no quieren hacerlo, pero ya tienen conocimiento y habilidad para desarrollar un oficio, mismo que les garantizara sus necesidades básicas.

*Tomado del muro de Mario Mecott Francisco Mario Mecott Francisco