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Tue, Feb

Dulce de limón

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Para mi tía Chana; que tiene la magia de convertir lo agrio en dulce.

Desde que el mes de diciembre hacia su aparición, yo sentía que el aire que bajaba de la sierra de los Chimalapas era distinto; en mis elucubraciones infantiles veía que el mundo (La Venta) se trasformaba, como veía a la gente con más sonrisas en los labios, como que a través de esos vientos Dios desparramaba una “ensarta” de espíritus bondadosos para que se les metiera por el cuerpo a tanto ventero “cuerudo” y de esta forma fueron condescendientes con sus congéneres, vamos, para que fuera más “a todo dar” con la chiguititada.

Eran vientos esperanzadores, ya que siempre andábamos con la esperanza puesta en todo; si una vaca se perdía en noviembre, yo decía “déjenla”…ya va aparecé en diciembre”, esto me hacía suponer que los espíritus divinos que Dios soltaba desde la montaña también se llegaban a meter en el cuerpo de las bestias, las cuales se sentían más humanas, es por eso que buscaban su casa.

De lo que digo, hay pruebas: mi tata en una ocasión perdió en el monte de Pasochivo a su chucho llamado “Tabasco”; como buen chucho ventero, era campeador; ese veintinueve de noviembre, Tabasco se puso a perseguir a un “garrobo mushe” que distinguió entre los surcos de milpa, era tanta la ambición de aquel chucho por atrapar el “garrobo mushe” que lo fue persiguiendo hasta el Nanchal…y allá se perdió o le jugaron la cabeza los duendes; la cosa es que vino aparecer en La Venta hasta el primero de diciembre; esta anécdota la remataba mi tata cantando: “y dicen que cojeaba de la parta izquierda”.

Una de mis tantas esperanzas era “este año voy a comé más dulces de lo que comí el año pasado”, mi esperanza se convirtió en certidumbre cuando veía a mi tía Chana traspasar el umbral del patio de mi casa, con su bandejita de peltre llena de dulces de limón rellenos de coco.

--Ahí’ta, pa’ que coman los “chiguitius”—decía.

Y ni tardo ni perezoso, los referidos “chiguitius” hacían su aparición como salidos de la nada, y ahí estaban alrededor de la bandeja de peltre, salivando e inclinados nuestros rostros para ver cuál era el limón más grande. Mi madre nos decía “espérense los diablos…hasta parecen chuchos”. Mi tía Chana nos veía con ojos bondadosos y decía: “déjalos que coman, si pa’ ellos es el dulce, ora que están chiguitiu…a lo mejor cuando sean viejos ya no les va a gustá el dulce”. En aquel acto bondadoso de mi tía Chana, ya que era como la viuda bíblica: “en medio de su pobreza nos daba todo lo que tenía…no lo que sobraba”, también nos daba esperanza de un mundo dulce, donde a pesar de todo se puede sonreír.

Mi tía Chana convertía en dulce lo agrio del limón…y eso no se olvida.

*Tomado del libro: “Historias Dispersas en la Tierra del Viento III”/Autor E.O.C. (El Mayor).