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Thu, Mar

Juchitán y las comunicaciones

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Los medios de comunicación y transporte están estrechamente ligados al desarrollo económico, social y cultural de los pueblos. El Istmo de Tehuantepec, por su localización estratégica, tradicionalmente ha estado comunicado con el resto del país y el mundo. En el siglo pasado, antes de la apertura del canal de Panamá, los barcos mercantes que venían de varias partes del orbe llegaban al puerto de Salina Cruz; costas oriental y occidental de Estados Unidos, costas de Asia y Europa después de haber bordeado el litoral del Atlántico – pasando por Tierra del Fuego – y las costas occidentales de América del Sur.

 

Así fue como, en una de esas travesías, llegaron de polizones algunos extranjeros y otros procedentes de Europa y Asia, principalmente árabes, libaneses, armenios, iraquíes con pasaporte de Turquía, a principios del siglo XX, único país del medio oriente con el que tenía relaciones diplomáticas nuestro país en ese momento, ellos se establecieron en la región, se dedicaron al comercio, pero andando el tiempo se integraron a los nativos y asimilaron la cultura zapoteca y en la región se les sigue llamado turcos hasta nuestros días.

A finales del siglo XIX, por iniciativa del presidente Porfirio Díaz se construyó el ferrocarril transístmico que comunica el puerto de Coatzacoalcos, Veracruz, con el puerto de Salina Cruz, Oaxaca. La concesión para trazar y realizar esta vía fue otorgada a una compañía inglesa y, con este motivo, arribaron muchos técnicos y empleados administrativos británicos al Istmo. Muchos de ellos se quedaron a vivir con mujeres del pueblo, dejando descendientes de ojos claros y tez blanca. Con este ferrocarril se desarrollaron los puertos por donde pasaban las vías del tren, por Matías Romero (Rincón Antonio), Ixtepec, (San Jerónimo), Tehuantepec y Salina Cruz; todo el comercio con los pueblos aledaños se realizaba a través de estos centros económicos.

Posteriormente, en los albores del siglo XX, se construyó el ferrocarril denominado El Centroamericano, que aún arranca del puerto de Veracruz y llega hasta el Suchiate (Chiapas) pasando por territorio oaxaqueño; Matías Romero – que se convierte en centro ferroviario importante del sureste -, Ixtepec, Juchitán y la costa de Chiapas, hasta la frontera con Guatemala.

A partir de este momento empieza un incipiente desarrollo de Juchitán, que había estado rezagado por la falta de una vía de comunicación.

Las mujeres de Juchitán viajan a los pueblos de la costa de Chiapas a lo largo de la ruta del tren para vender mercancía, artesanías y comida típica, y es tal su audacia que llegan sin pasaporte hasta Guatemala, El Salvador y Honduras. Y como en Juchitán el comercio siempre lo han realizado las mujeres (y siguen haciéndolo hasta la fecha) se forjó la leyenda negra que inventaron los forasteros: que en el Istmo las mujeres son las que trabajan mientras los hombres, acostados en la hamaca, esperan que haya una revolución que los convierta en generales – dijo José Vasconcelos -.

La relación comercial que se estableció con los pueblos de Chiapas propició que muchas familias istmeñas se fueran a radicar a esos lugares, dejando muchos descendientes; actualmente existen nexos culturales y económicos muy fuertes entre la población de ambas regiones.

Durante los años de la segunda guerra mundial el gobierno americano, con autorización del gobierno mexicano, construyó en los terrenos del distrito de Juchitán, en zapoteco; Ñee Dani Bihui, quiere decir en las inmediaciones del cerro de los puercos, un aeropuerto con sus respectivos hangares para fines militares. Por su cercanía a Ixtepec permitió el desarrollo de la ciudad, convirtiéndose en la más importante del Istmo en ese entonces al quedar comunicada por vía aérea. Hasta la fecha existen las instalaciones, un poco deterioradas por lo que en alguna ocasión se ha pensado rehabilitarlas para la aviación comercial.

Por los años cincuenta; se inauguró la carretera Panamericana que cruzaba la República Mexicana de norte a sur, pasando por las principales ciudades del norte y centro del país, llega a la ciudad de Oaxaca, Tehuantepec, Juchitán y se prolonga a Tuxtla Gutiérrez, y a ciudad Cuauhtémoc, frontera de México con Guatemala, intercomunicando además la selva chiapaneca y la región guatemalteca de Él Petén. A partir de entonces los comerciantes voraces, en complicidad con algunos funcionarios estatales, iniciaron la destrucción brutal de la flora y la fauna de esta región natural.

A raíz de esta carretera empieza un intenso desarrollo comercial de las ciudades del Istmo, particularmente de Juchitán, por la rapidez con la que se mueven los pasajeros, la carga y toda clase de mercancías por el transporte carretero, por los estados de Chiapas, Veracruz, Puebla y la Ciudad de México.

Han empezado a salir de esta región contingentes numerosos de jóvenes, tanto hombres como mujeres que se van a las ciudades de México y Oaxaca para estudiar carreras profesionales, este desarrollo ha ido tan vertiginoso que ha rebasado la infraestructura urbana de las ciudades y la estructura mental y psicológica de sus habitantes, y ha sorprendido a la población que no estaba preparado para estos cambios bruscos.

Si se toman en cuenta la dinámica de la población y el comercio que se genera en esta región resulta impostergable la construcción de una central de autobuses, en cada una de las ciudades del Istmo, con el fin de ordenar y canalizar adecuadamente el tránsito local, regional y nacional, al tiempo que se reubican las deficientes terminales actuales de cada línea de camiones de pasajeros en diversos lugares específicos de cada ciudad, de modo que se beneficie tanto las poblaciones como las líneas de autobuses que operan esta rutas.

El presidente municipal de cada lugar, dentro del plan de trabajo de su administración, debe presentar el proyecto junto con los representantes de las líneas de autobuses foráneos, que tienen monopolizados estos caminos desde hace muchos años y han obtenido pingues ganancias, abusando de la confianza y la buena fe de los de los istmeños.

En el momento actual, Juchitán tiene una de las terminales de autobuses más modernos del país, al grado que algunos istmeños que viajan a la tierra nativa en los últimos años, se han pasado de largo de la ciudad, porque no se han percatado todavía de la modernidad de la obra que corresponde a país de primer mundo.

*Tomado del libro “Reminiscencias de la Tierra Nativa” /Autor: Aurelio Gallegos/México. Septiembre de 2003/Edición: Fundación Todos por el Istmo, A.C.