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Thu, Jun

Noche de papel

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Escucho tu voz, Sapandú, es el viento quien trae, el rumor de las rocas al golpe incesante del mar Gueela’ Gui’ Chi’; siento tu aroma deslizándose como la espuma sobre los poros de la piedra; tu recuerdo, ti–leme, en aroma nocturno…

Sapandú, Sapandú…escucho el rumor hasta la lejana alcoba donde te encuentres. Sapandú, Sapandú…Déjame sentir tus labios y retratarme en tu mirada de lujuria inagotable. Sapandú, Sapandú …Déjame entrar en tus sueños, ser el garrobo milenario que desgarre tus entrañas, déjame clavar la daga en la fruta madura, higo reventado de placeres. Sapandú, Sapandú…Escucha a la distancia, recibe en quietud, en el silencio del secreto. Sapandú, Sapandú…Soy el pez volador de alas doradas que te busca en el océano, en las grutas coralíferas, entre algas y coral del fuego; soy ave que borracea en espera de tu sombre; soy plancton disipado a lo largo del recuerdo. Sapandú, Sapandú…Déjame tentarte toda y parte; hacer el viaje mágico desde tu dorado cabello hasta el remolino de cascada de arena luminosa, donde encierras el granito de granada que desata las más cruentas batallas en las lides del placer. Sapandú, Sapandú…Voy siguiendo el largo camino de tus piernas bajo la ropa trópico que té cubre, bajo el manto de estrellas que ilumina delicada y tersa piel. Redondos y vibrantes muslos, palpitantes en las palmas de las manos que reptan en busca del oasis. Hechicera de redonda cadera lacada de blanco nieve; temerosa del día, dueña de la noche, ama y señora de las sombras… Sapandú, Sapandú…Déjame entrar en ti, fundirme en tus paredes, llorar el gozo, viajar en los valles de tu vientre, seguir la ruta con la punta-serpiente de cálida humedad que busca el manantial de tus pesados senos, fruta madura; Sapandú, Sapandú…Invítame a tu miel, que brota en los girasoles rematados en el altiplano oro de tus pezones. Lacérame la vista con ellos. Descúbrete esta noche de ausencia y abandónate al viento que ha de tenerte aquí. Sapandú, Sapandú…desbórdate en lluvia que acaricie mi existencia, en marejada, chubasco, tromba…Desata tu furia, ábrete a la vida, vuela hasta donde estoy; empuña la arrogante espada y reconstruye la herida de amor, déjame partirte, dividir los muros de ataduras estóicas y ser el violador de tu sueño. Sapandú, Sapandú…Toma el alado caballo y atraviesa el firmamento, que las estrellas se adhieran a tu piel y entonces tú, hembra universo, desciende lentamente, tan lento como te sea posible hasta posarte, bruja, en la fuente del elixir de la vida. Grito tu llegada.
Largos y finos dedos descubren los caminos de espesa caballera, hacen surcos, recorren la redondez de la tierra, me toma del cuello, levantas la cara al cielo y dejas caer tus labios sobre mi espera. Sapandú, Sapandú…¿haz escuchado mis ruegos?... Sapandú, Sapandú…Descúbrete esta noche, voy por las veredas de tus fuertes brazos, abrázame brasa que quemas las entrañas, fúndeme caricia en esta noche llana; anúdame en tus piernas hasta que crezca el alba… Sapandú, Sapandú…De los labios no probado… Sapandú, Sapandú…No te vayas con el viento.

Corro en incertidumbre, levantó las manos… Sapandú, Sapandú…qué hermoso recuerdo.

Voy retomando mis anhelos…¡ay Sapandú…!...¿cómo te encuentro…?

*Tomado de la Revista Guchachi’ reza (Iguana rajada)/Número 33/Mayo-Junio 1992.