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Mon, Sep

Jesús

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Nos llegó la noche en la fiesta de papá, comienzan a asomarse las estrellas. Acabo de cantar un bolero cubano acompañada por el teclado. Las luces del patio se han encendido, la oscuridad no se puede mezclar con la gozadera que traemos. Las banderas de papel china danzan con el sereno y el teclado entona una salsa muy conocida. Todos bailan, comen, beben, gozan. Veo a los meseros, he decidido que ellos también son nadie, me acerco a uno de ellos. Se llama Jesús y estudia una ingeniería que desconozco.

-¿Me destapas otra chela?
-¡Claro! Oye, cantas muy bien. Seguro tienes un disco y la gente te ama.
-No. No suelo cantar aquí. Nadie sabe que canto.
-Seguro tu papá te apoya.
-Sí, de cierta manera. Nunca me ha dicho que no, pero tampoco me ha ayudado a abrirme camino.
- ¿Cómo crees? Un papá no haría eso, si yo tuviera renombre, mis hijos tendrían todas las palancas posibles.
- Sí, pero yo no, esa comodidad no me la he permitido, tampoco mi padre… Pero cuéntame, ¿cómo llegaste aquí?
- Por necesidad. Yo no tengo lujos, crecimos en una familia pobre. Nunca tuvimos comodidades. Mi hermano mayor empezó a meserear y un día nos dijo que nosotros debíamos ir con él porque no nos dábamos abasto. Yo acepté, estaba a punto de entrar al Tecnológico y necesitaba dinero para mi carrera. Comenzamos en unos quince años, luego llegaron las bodas, los cumpleaños. Se vive bien aquí cuando tienes dinero y puedes costearte meseros, ¿no? A tu papá yo lo conozco. En un principio lo conocíamos como el esposo de Reyna, ya después como Ta dxu. Mi hermano comenzó, después seguimos los demás. No sé por qué quieres saber, pero te cuento. Alguien que escucha siempre se necesita.
Yo no nací en cuna de oro, mis hijos tampoco. Lo poco que tengo lo tengo gracias a esto. Uno se acostumbra a las personas, así he conocido a mucha gente. Casi que es como viajar. He viajado a varios países mientras soy mesero, he conocido gringos y europeos, gente de Sudamérica, de otros estados del país. Así sé que el gran charco es en realidad un gran océano que nos separa de Europa. Un día me enseñaron la torre Eiffel y sentí que mis pies pisaban su parte más alta. ¿Tú a dónde has ido? ¿A Colombia, ¿verdad? ¿Cómo es? Para tacharlo de mi lista.
De verdad no creo que tu papá no te haya echo ninguna palanca, seguro que sí pero no han funcionado. Te digo, si yo fuera alguien, mis hijos no estarían en las escuelas públicas y tendrían una casa como esta. Pero ha de ser porque no vives con él. Dicen que él es muy importante en Juchitán, que lo respetan. De verdad, si yo fuera tu papá… pero nací así, aquí, en este pueblito del que casi ni se habla. Es más, no sé qué haces platicando conmigo, casi nadie platica con los meseros, has de estar borracha. ¿De verdad voy a salir en Cortamortaja? No te creo.
Mis hijos son todo para mí, si alguna vez tengo un trabajo que me saque de meserear, yo sí quiero que mis hijos tengan todas las palancas posibles y que no anden cazando gente para hacerlos “todo” ¿qué es eso?. Es cierto, yo no soy nadie y casi nunca me he sentido ni siquiera “algo”, no quiero esa vida para mis hijos, ellos son mi piso seguro, mi casa, mi buena vibra, mi todo, para que me entiendas. De verdad, qué no daría por serlo todo en este mundo de mierda y que mis hijos gozaran de todas las fiestas conmigo, hasta que llegara la noche, de veras que sí lo haría. Ten, te destapo otra chela para que veas que sí soy buena onda y salud, pues, por todo… Mira, te voy a ser sincero, a mí no me gustan las entrevistas, yo sólo estoy platicando contigo para viajar a Colombia. Mañana quizás no lo recuerdes, pero yo sí, lo recordaré todo y habré vuelto de un largo viaje. ¿seis horas? Una argentina me dijo que eso duraba el vuelo a Bogotá. Seguro.

Termino la plática porque mi padre me ha llamado para bailar. Bailamos un danzón y pierdo de vista a Jesús. Ya cayó la noche por completo. Es la una de la madrugada. Jesús seguro ya está en su humilde casa, durmiendo el sueño bogotano y yo me dispongo cerrar los ojos, luego de tomarme un antipsicótico, en una hamaca de cuatro kilos e hilo de primera. Del otro lado del charco, el sol comienza a devorar.