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Tue, Feb

La heroica ciudad de Juchitan de las flores no es como la vemos, Sino como la recordamos.

En la vida de cada ser humano, existen muchas cosas que recordar y que contar, la nostalgia es la evocación de los tiempos pasados que nos llenan de gratos recuerdos y en ocasiones de experiencias amargas, después de todo, son hechos vividos que tenemos colocados en frente y que podemos contemplar cuantas vece que creamos necesarios. Aquello de que las cosas pasadas quedaron atrás, no es cierto, porque atrás vienen las cosas que aun no hemos visto y lo que ya sucedió está en frente.

A mediados del siglo pasado, un selecto grupo de jóvenes juchitecos de clase media baja que querían estudiar, se fueron a la ciudad de México con el firme propósito de realizar una carrera universitaria o militar, para poder ser profesionistas y regresar a su pueblo, trabajar y ayudar en la medida de sus posibilidades a su gente.

EL CASO DEL LECHERO ASTUTO: Este humilde plumífero (persona que escribe) peregrinando entre la gente de la calle, llegó a sus intrépidos tímpanos la historia de un sagaz valedor de nombre Rosalino Castro Náfate quien fue mejor conocido en este pueblo “gulucheño como “Tío Rosa Castro” y bien, este humilde campesino dejó muchas historietas para las generaciones de su pueblo, una de ellas quizá las mas conocida es la siguiente:

En uno de los tantos días de aquel mes que se pierde en los laberintos del recuerdo, fuimos invitados a un desayuno por el bardo de la escultura Moisés Cabrera Orozco, en un reconocido restaurant de esta localidad, donde nos encontramos con el amigo de siempre Juan Heriberto Ruíz  Chiñas, con quien entablé pláticas sobre temas triviales, que únicamente causaban risas. Repentinamente, se me ocurrió preguntarle quién había apodado “juánchi”, contestando –parece que “Tarú”, él mismo apodó a Héctor Santibáñez< Olivera “Zapopan Romero” porque andaba aprendiendo a manejar bicicleta y accidentalmente chocó contra la banqueta de la casa donde hoy en día está la Casa del Pintor.

Don Paulino tiene fama de buen platicador, es un abuelo setentón de cuerpo menudo, carácter tranquilo y agradable, y de andar precipitado. Cuando camina, adelanta de tal manera el pecho y la cabeza, que parece que en cualquier momento caerá de bruces. En su tiempo justo y de obligaciones, tuvo ocho hijos, trabajó de pescador y labrador, hoy se dedica a leer todo lo que le llega a la mano, generalmente revistas y periódicos, y a visitar a sus hijos y nietos. En el trayecto a las visitas que realiza, no falta quien lo llame a platicar, desde las casas o banquetas de calle lo saludan y le dicen: “Don Paulino, dónde es que vas, ven a platicar conmigo un rato”. Y el buen hombre, se detiene, se quita el sombrero, saluda y contesta: “buena hermosa”, o, “buen amigo”, “voy camino a… pero con gusto platicamos, sucedió hace buen tiempo…” Y se arranca don Paulino a platicar sus lindas historias, que deja a sus oyentes con ganas de seguir escuchando.

Me pusieron Francisco, Francisco Sánchez Gómez, pero me dicen Pancha, yo siempre quise que me llamaran Mariposa porque me gusta volar, bailar. Mi familia quiso “enderezarme”, como si yo fuera un árbol, pero les dije: Primero enderecen a mi hermana, que es marimacha. Fue que me dejaron en paz, bueno, es un decir, porque viéndome vivir, se quejaban a cada rato en voz alta: “tu hermana salió hombre y tú saliste mujer, el mundo está de cabeza”

BICU’ GUDÓ’ NI CHITÓ XPIXUAANA’

Biree guxooñe’ ti guidxa bi’cu’ ndaani’ guzina, canaguu deche, canaguu liibi ne cayuuna’.

Gule be neza galahui’. Bedaguiaanabe guete’ ti nezarí bichaganabe. Qui niziidibe stale gui’chi’, huaxa gúnnabe gu’ndabe, ngue runi dxi reeda ti gui’chi’ lá’ “El Payo” luguiaa la? rizi’be ni, ne tutiisi güí’nebe diidxa’, nisi xtiidxa’ gui’chi’ di’ ma cuzeetebe. Runi nabé ruzeetebe lá gubeedxe’ riree lu gui’chi’ di’, gula’qui’ cabe labe: ta Paayu.