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Mon, Jul

Entrecierra los ojos y responde a la pregunta: No, ya no voy a la pesca. Sí, la verdad es que tengo suerte cada vez que lo hago. Tiro la lanzada y atrapo una buena cantidad, ya sea de pescado o de camarón. Pero prefiero ir a la obra, soy carpintero de obra. Le hago al albañil, pero voy más de carpintero. Mira esta casita, yo la levanté.

Los mercados huelen... Por ejemplo, el de Juchitán huele a queso guiña y fresco; a frijol refrito, bendabuaa seco, pescado en chipotle; a mango; chorizo fresco, carne fresca y tasajo; huele a flores de rosa y dulce de ciruela; a chocolate del molino San Vicente. Huele a guetabiguii. Los mercados se huelen y se ven. Se ven en la ocupación de los espacios después del embate de un temblor. Se ve a los muxes vendiendo ropa; traje de gala de tehuana, faldas, huipiles. Se ve caminando en los mercados haciendo el mandado, y se ve a las mujeres comandar los puestos de comida. Sí, los mercados también se oyen, y éste se oye en zapoteco.

Fragmento de bitácora de viaje a Juchitán. Mayo de 2018. Cecilia Contreras.

Para mi tía Chana; que tiene la magia de convertir lo agrio en dulce.