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Thu, Feb

En el mes de mayo, después de cada noche de velas durante la semana de fiestas en Juchitán; es imprescindible el paseo alegórico por la tarde del nuevo día; aunque desvelados los mayordomos, Xhuanas y socios, están siempre atentos en proseguir con el desarrollo de las actividades que conciernen a sus responsabilidades.

“En Juchitán las casas tienen sueño, son como viejos troncos hundidos en el tiempo”

A las populares corridas de toros, de las cuales goza el pueblo en sus fiestas; en España se le denomina Fiesta Nacional, por haber tenido cuna en este país y, ser el lugar donde con más entusiasmo se cultiva. Esta diversión induce a pensar en la lucha del hombre primitivo con los toros salvajes.

A todo el mundo: indígena o no indígena, le queda claro hoy que al morir el hombre (hombre o mujer), su físico (carne y huesos), queda en la tumba, donde es depositado al término de su vida. Cuantas veces se ha tenido que abrir tumbas, se ha descubierto que la carne, los cabellos, desaparecen, pero los huesos, como materia más sólida y perecedera, se conservan, aunque no eternamente, pero sí cientos, si no es que algunos miles de años. Con ello se demuestra entonces que el cuerpo, ahí queda. ¿Qué es entonces lo que hay detrás de la muerte?

En el vecino poblado de Unión Hidalgo, cuentan que existió una señora llamada “Na Juana Bo”, se entiende que su existencia en mencionada entidad data de muchos años anteriores a la fecha. Ella como mujer fue privilegiada en heredad amplios dones curativos que dejaron nuestros antepasados; estos conocimientos aunque empíricos fueron muy efectivos.

Subían por la cuesta cuando la manilla del coche cayó al piso. El acompañante se agachó a recogerla mientras la dama, porque era una dama la que conducía, agarró la curva que al terminar los arrojó al azul del mar de La Ventosa.