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Fri, Dec

Apenas ha comenzado el cantar de los gallos y ya se le ha pedido a Lipe Sandia que suelte dos cuetes para anunciarle a la gente del pueblo que la ayudada ya va a comenzar.

La mítica escena no deja de ser conmovedora: 13 de septiembre de 1847, Juan Escutia, cadete del Colegio Militar y ""niño héroe"" a los veinte años de edad, toma la enseña tricolor y decide arrojarse desde lo alto del Castillo de Chapultepec antes que verla mancillada por los invasores estadounidenses.

El próximo 7 de septiembre se cumple un año del terremoto que arrasó la ciudad de Juchitán, en Oaxaca, y parte del istmo. En ese entorno devastado, J. M. Servín hurga entre los escombros y con los recursos de la crónica muestra no sólo el abandono y la violencia de un “infierno delirante”, sino también el orgullo, la magia de sus sobrevivientes. En esa atmósfera encuentra un remanso a salvo de la incertidumbre, en un sitio “donde la noche es tierra de nadie”, pero campea la estrella de uno de sus gladiadores.

Príncipe de la corona rota

del reino dividido, de la mano de palo.

Príncipe petrificado con disfraz de pantera.

Henri Michaux

El pueblo del Istmo es valiente. En la época del general Díaz su contingente al ejercito era decisivo. Nadie se dejó asustar en Tehuantepec por los rumores adversos. Me recibió la multitud en la estación; me llevó a la plaza para el mitin de costumbre. Por la noche, y en la mañana siguiente, hablé con todas las personas de influencia en el lugar.