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Thu, Jul

Es el mes de las fiestas de Juchitán. En zapoteco mes de mayo se dice: beu' zaá guii'xi: mes de las fiestas del pueblo.

En el mundo antiguo de los dioses griegos, para decirlo de una manera propia. Su mundo mitológico donde Zeus, el dios padre. Y Hera la diosa madre, junto con los otros dioses vivían en el palacio del Olimpo, éste construido sobre la montaña más alta de Grecia, llamada Olimpo. Lo edificaron los cíclopes, unos monstruos con un solo ojo. El palacio del Olimpo consta de una sala de consejo.

Maña. Maña es el nombre que el maestro Víctor Chaca le da a la sapiencia acumulada a lo largo de treinta y ocho años de estar mezclando colores, jugando con la luz entre las manos, buscando que la arena esté a punto para aparearla con la tela o que los minerales reposen en la balanza de su mirada antes de plasmarse en el barro primigenio que, por el arte de su magia, nos deslumbrará más tarde.

En el mundo mitológico griego, Zeus es el dios padre y Hera la diosa madre.

“El tiempo no perdona", " Sabia virtud de conocer el tiempo", " el tiempo es oro", " ya no hay tiempo", " fuera de tiempo"... Cuando fui niño vi una pareja de novios que abrazados los domingos caminaban dando vuelta" el parque" Benito Juárez. El cabello de ella era ondulado y caía sobre su cuello en cascada rubio. Él era alto un poco más alto que ella, como quien dice ella tenía la estatura que al abrazar a su hombre, su cabeza reposaba en el mero corazón de él. Así los vi muchos domingos. En mi cabecita quedó la linda imagen de aquella pareja, que la verdad! Era de imitarse.

Colibrí va tejedor de vida…
Se acabó el barro de los dioses
Y de piedra de jade perlada le tallaron
como una flecha menuda
Y al soplar sobre ella
¡Oh! Salió volando
Colibrí. Rubén Lapuente
La cosmovisión de los pueblos permite su trascendencia a través de la cultura y el
arte, para la cultura zapoteca dar a conocer la manera de relacionarse con el mundo
se ve reflejado en la pintura.

"La infancia es destino", así decía un amigo que una noche saliendo de un restaurante donde tomamos chocolate y comimos churros. Don Salvador, que todo mundo llamaba Chavita. Al mirar la luna de esa noche, le dije: Mire usted Chavita el conejo de la luna. Oiga- me dijo-, déjame ver, porque yo nunca lo he podido distinguir.