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Fri, Jan

“Si yo supiera quién inventó el zapoteco lo colgaría del árbol más alto de Juchitán. Escúchenme, es la última vez que se los digo: ¡No quiero que lo vuelvan a hablar! Es un dialecto. No sirve para nada. Apréndanse el español y podrán caminar por el mundo sin renquear’’.

Es un hacer. Un oficio, así como tal, no es. Es algo que sé hacer, es un don. Lo empecé muy chamaca, tenía yo catorce años. Primero lo sentí, de ahí lo retuve y después lo desarrollé. Llegué aquí por una tía que nunca se casó, mi mamá y ella eran hermanas muy uniditas, mi tía les habló a mis padres para que me trajeran. Tenía ocho años, aquí estudié, aquí me casé, aquí ha sido toda la gran parte de mi vida.

Nos llegó la noche en la fiesta de papá, comienzan a asomarse las estrellas. Acabo de cantar un bolero cubano acompañada por el teclado. Las luces del patio se han encendido, la oscuridad no se puede mezclar con la gozadera que traemos. Las banderas de papel china danzan con el sereno y el teclado entona una salsa muy conocida. Todos bailan, comen, beben, gozan. Veo a los meseros, he decidido que ellos también son nadie, me acerco a uno de ellos. Se llama Jesús y estudia una ingeniería que desconozco.

El terror a la muerte es la base del animismo primitivo de los zapotecas y los niños de antaño, mezcla resultante en alguna forma de este grupo étnico, traen consigo esta mentalidad que tiende a manifestarse en su vida cotidiana.

Albino Jiménez fue un notable conductor de hombres en los poblados de Juchitán, Oax.; y figura entre las eminencias de la región, sin haber sabido nunca leer ni escribir y sin haber hablado una palabra de español.

Un día fueron apareciendo y no las pude detener, esferitas marrones pasaron por toda mi mano, cuando vine a darme cuenta, ya las cubrían por completo. Tu abuela me quiso advertir y ahora yo tengo que advertirte. Yo no soy celosa, tú lo sabes. He compartido la receta con todas mis hermanas a pesar de tu abuela, que en paz descanse. Ella sí era celosa. No sabes cuántas veces le pedí que me enseñara, pero siempre decía que esas cosas no se comparten. La comida y la bebida son un secreto que una se lleva a la tumba, me decía. Nunca cedió y yo aprendí como aprenden los maestros, de ver. Si tu abuela supiera que todas mis hermanas saben su receta, vuelve y me lleva con ella de vuelta a la muerte, a lo mejor eso pase conmigo.