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Mon, Jul

(El texto prólogo de la Revista Cancionero del Sureste, dedicado al músico,  Don Joél  Velásquez)

La música como expresión del arte es sin duda un paradigma que trasciende el tiempo y el espacio. Es una manifestación humana ubicua, necesaria e históricamente espontánea y útil. En  el fondo genéticamente diseñado como la inspiración para estar ligada mientras haya un halo de vida.

TA PIITU NE XPIGUDXI
Bidxela rigola ta Piitu ti hule xquie ra rasi xiiñi’, ti xiiñibe gunaa ca’ru’ guichaganá’, didi de binidxaapa’. Cadxiichibe gundísabe cuaana que lu luuna sti’ xa gunaa ne gucala’dxibe nuguubí be laa, sica ñaca xa xquie tindaa buu caguí, raqueca nuube, cayacahuátibe, cadxiichibe, guluube laa cue’be ne bireebe yegátabe ndaani’ ti guixhe nanda ruaa lídxibe. Cadi nuu dxi ta Piitu, riasa, ribí, ra’ta’, ribí, riguuñe ique, ra’ta’, ribí, cabeza gueeda xiiñi’ zigutoo gueta luguiaa. Casi bi’yabe biuu, nanda cabe laa:

Con base la investigación que realicé en el año de 1974 en la población de Santo Domingo Zanatepec, Oaxaca con la finalidad de conocer profundamente sobre el origen y fundación de la Escuela Primaria Federal “TEÓFILO ERNULT”, recurrí entonces a la sabiduría de los señores más grandes que vivían en la población para requerir de sus conocimientos, ellos fueron: Don Ernesto Ernult (hermano de Don Teófilo), Don Darío Orozco Salvador, Don Rosalino Castro Náfate y Doña Delfina Ernult, también hermana de Don Teófilo, ellos aportaron gran parte de la información sobre el origen y fundación de la escuela de la siguiente manera.

Para Regina Santiago..... Lipe Min era un hombre dicharachero, siempre tenía respuesta para todo tipo de chanzas, con la flor de la sonrisa en la comisura de los labios a toda hora, con el ánimo dispuesto para echarse una cerveza caguama al menor intento de convite y, claro, con la bolsa abierta para corresponder a la invitación. Era compadre de Sebastián, un tipo corpulento que podía embuchacarse diez caguamas al hilo, sin apenas parpadear, con quien se saludaba todas las mañanas cuando iba a comprar las memelas a la vuelta de la esquina. Las mentadas de madre y las risotadas eran el santo y seña de sus saludos matutinos. 

Biyé’ o Xandu’ es la fiesta a los muertos que en Juchitán de Zaragoza, Oaxaca, se realiza en el domicilio de las familias, no en el panteón como sucede en otras culturas, en los días 30 y 31 de octubre. Si la persona muerta es reciente, de un año o dos, pero no menos de seis meses, se le hace su biyé’ o xandu’ yaa (primera celebración del finado) o biropa (segunda celebración), según el caso.

Manuel el fuereño le llamaban a este señor. Era un hombre bastante trabajador; por la mañana lo podías ver zurciendo los pocos zapatos que por entonces se usaban en el pueblo. Ah, qué fina era su labor, hacía de esas puntadas que les llamaban invisibles; el calzado quedaba como nuevo después que era atendido por las manos del fuereño. Al atardecer podías darte cuenta de que ya había comenzado a trabajar de nuevo pues por toda la ciudad se dejaban escuchar los gritos desamparados de marranos y marranas que eran curados por el hombre. Sí, así es; capaba cerdos y a las hembras les quitaba la matriz para que ya no se cargaran, así podían cebarse unos animalones que eran la delicia en la mesa: costilla o tasajo horneado en rústico plato de barro, con dos chiles jalapeños al lado; guisado de puerco en salsa roja, espesa; o, ya de perdida, puerco en salsa de miltomate. Ahí también se podía ver la maestría de este personaje, alto, fornido, de cabello claro, como claro era también el color de su piel. Si el tiempo le alcanzaba, si tenías paciencia para esperar turno, también podía aplicarte inyecciones. Si te digo que era trabajador. Cuando le conocí ya estaba algo viejón, tal vez de sesenta años de edad.