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Mon, Jan

Hace pocos años, exactamente el 6 de agosto de 2009, uno de los más grandes maestros zapotecas de las letras y de la vida dejó de existir. Como un modesto reconocimiento a toda su incansable labor en pro de las artes y de la escritura, CORTAMORTAJA publica la plática que su servidor tuviera el honor de sostener con él hace algún tiempo y que circulara originalmente en la Revista Guidxizá, número12 (julio-septiembre de 2008) editada por el Comité Melendre:

A la memoria de Toño Chunta, que murió 
a los ochenta y tres años y cantaba los más añejos tangos
de que se tenga memoria, pero nunca supo hablar el español.

Juchitán, Oaxaca.- Nuevamente los juchitecos se disponen a navegar por las procelosas aguas de mayo. Se avitualla la embarcación, se remiendan las lonas, se revisan las junturas, el coloquio entre las y los oficiales se aviva, se abrillantan los dorados metales, se hinchan los pulmones para resoplar durante treinta días. ¡Hay fiesta en Juchitán! ¡A toda vela, señoras y señores!

“Caminé con los brazos abiertos
por hallar un cariño, una sola amistad…”
Miseria.

Juchitán, Oax.- A sus ochenta y dos años Gabina Be’te’ canta con el mismo entusiasmo y finura su bolero favorito “Miseria” como lo cantara María Luisa Landín. Con sorpresa los convidados al cumpleaños de Roselia Chaca, la vieron dar pasos pausados al escenario y entonar el bolero sin temblor y con limpieza en la voz. Los aplausos brotaron sinceros y ella cerró la canción con una risa alegre y pícara que acostumbra a dar a sus amigos y clientes, los que le han comprado cartones en la entrada de las velas y sentado con ella a tomar las cervezas de cuartito “frías más allá del frío” como escribiera Alfredo Cardona Peña o “frías como las nalgas del muerto”, como recuerda que decía Manuela León, en las ermitas en la cuaresma.

Para Gabriel, Alba y Nuria
El nombre del libro no tiene importancia para este caso. Pero hacia la página ciento veinticinco me encontré con un relato de Sergio Pitol, descrito con elegante prosa, incluso con palabras cuya existencia casi había olvidado. Habla de un personaje extraviado en alguna ciudad donde la nieve es al parecer habitante permanente. Norman, Norman es el apelativo de tal hombre, su gracia, dicen por los rumbos de Ixhuatán.

En el espejo tembloroso y tristón de los charcos
me miraba la cara al lado de la luna
ROQUE DALTON

Hagamos un trato María Tecúm, yo le enseño a trepar a los árboles, a masticar los trozos de caña, a maldecir en mi lengua y a leer las estrellas, a cambio de que usted me enseñe a mirar con sus palabras; los atardeceres de magia en Praga y esa sensación que dicen se apodera de ti cuando despega el avión de la tierra.

Podrás engañar a todos durante algún tiempo,podrás engañar a alguien siempre; pero no podrás engañar siempre a todos” Abraham Lincoln.

En la ciudad de Juchitán de Zaragoza, Oaxaca, no existe el Matriarcado, mucho menos el Patriarcado, en este pueblo lleno de flores, sólo existe el entendimiento entre el hombre y la mujer, específicamente entre los esposos, aún cuando un montón de aventureros y aventureras como verdaderos mercachifles de notas y reportajes llenos de mentiras -ellos vienen de otros pueblos lejanos y que nunca han vivido en el corazón de nuestra patria chica-, se atreven a aseverar tales razonamientos plagados de falsedades que pasan perjudicando nuestras costumbres, nuestra cultura y nuestras tradiciones; todos sabemos que el Matriarcado: “Es una forma de organización de comunidades o sociedades en las que el poder y la autoridad están en manos de las mujeres” posiblemente existió el matriarcado en otros tiempos y en ciertas tribus, eso lo sabemos porque sí lo hubo, pero decir y afirmar que en Juchitán existe este modelo de gobierno familiar, es una vil mentira.

Juchitán, Oax.- Alguna vez me preguntaron si llegué a conocer a Henestrosa, siempre respondo que lo conocí en la ciudad de México, en una exposición de pintores juchitecos en el Hospital siglo XXI que organizó Alfredito Cardona Chacón, el viejo Henestrosa andaba buscando a una joven pintora y me preguntó por ella y yo le indiqué con el índice por donde estaba. Eso fue todo el diálogo que llegamos a tener.
Llegué a verlo en varios eventos en la capital siempre erguido, presto a bailar los sones que bailaba a brinquitos, con sus manitas al frente a la altura del ombligo parecía un conejito en medio de la pista, las personas que trataban de hablar con él tenían que gritarle al oído porque estaba medio sordo y no escuchaba incluso cuando llevaba un aparato en la oreja: na cuata dxe’ diaga be decían los chistosos.