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Sat, Aug

Cuentan los historiadores de los zapotecas que en un ángulo del principal de los panteones de aquella raza, en Yobaa, que quiere decir dolor y por extensión sepulcro y cementerio, había una profunda cueva, la entrada cubierta con una enorme piedra, la cual era movida cuando se celebraban los entierros de los grandes señores y ocurrían los sacrificios, para arrojar por ella el cuerpo de las víctimas inmoladas en aras de terribles deidades.

Michael de Montaigne escribió: “Nuestra presa auténtica es el placer de la caza; no hay que perdonarnos si la llevamos a cabo de modo incorrecto o estúpido. Pero dejar de alcanzar a la presa es ya otra cosa. Hemos nacido para perseguir la verdad; poseerla corresponde a un poder superior” la idea de perseguir pero no poseer se encuentra en Descartes como la imposibilidad de alcanzar la verdad, solamente podremos hacer juicios de certeza, al parecer éste es nuestro sino.

En el pueblo de Juchitán desde la antigüedad más remota hasta nuestros días, ha habido curanderos, hechiceros, yerberos, brujos, hueseros, sobadores (masajistas) y consejeros de salud, amor y litigios; en su mayoría eran personas adultas o ancianas las que desempeñaban estos papeles, debido a que no había profesionales de la salud ni de otros menesteres y en la actualidad, aunque subsisten de manera simultanea con los médicos, enfermeras y licenciados, y sus servicios son requeridos en menor proporción, aún siguen teniendo demanda sus curaciones y sus consejos.

Sucedió una vez que un viento fuerte sopló en San Mateo y del otro lado del mar de aguas tibias y claras llegó un animal fiero como el rayo que calienta y fuerte como la luz que ilumina.

En el mercado de San Mateo no hay ruido. Esta gente del mar ama el silencio. No les gusta vocear a sus clientes. Aquí no dicen ‘totopo huero’ y tampoco muestran lo que venden, un tanto por la arena, y otro tanto porque creen en el mal de ojo, por eso sus bandejas están cubiertas con servilletas hechas en telar; con imágenes de jaibas, liebres, camarones, caracolas y libélulas.

Es el dilema, de los entusiastas elementos que con dinamismo y buena voluntad, vienen fomentando el deporte y otros espectáculos de sana diversión, para los amantes de los grandes acontecimientos, que vienen efectuándose en esta Región del Istmo Zapoteca; aunque, la mayoría se inclina por el pugilato, el pancracio también tiene sus adeptos; esto me hace recordar, que allá en la Grecia, se consideró a estas dos disciplinas como las más difíciles y duras.