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Mon, Jan

Fue un día de primavera en la montaña de Guié Ngola, parte de la sierra atravesada entre la planicie del Istmo de Tehuantepec, se escuchaba a lo lejos el canto de las chirimías, lo cenzontles y los pájaros carpinteros; un caudaloso río recorría las faldas de aquella imponente montaña y una variedad de animales componían la fauna silvestre exuberante y extraordinaria de aquel mágico lugar.

Asi me lo contó Ta`Lipe Deme.- Aquel día como de costumbre, todos los trabajadores se levantaron muy temprano para ir a la faena, el trabajo era por tarea en el corte de algodón en la Selva Lacandona de Chiapas, había que cruzar a un viejo y carcomido puente colgante suspendido sobre un turbulento río para llegar al lugar del trabajo, aquella mañana todo era normal, la camarilla de peones como en “fila india” abordaron al viejo y resentido viaducto con sumo cuidado, un paso en falso, significaba la muerte, todos cruzaron al allende del río, el último infeliz que llegó con un par de minutos de retraso sin medir las consecuencias comenzó a caminar apresuradamente sobre los crujientes maderos con el fin de alcanzar a sus compañeros, desde al otro lado con grande desesperación le gritaban que caminara con mucho cuidado, sin embargo, la desgracia había llegado a su límite, ya lo esperaba, faltando un cuarto del tramo las podridas tablas no soportaron el peso del infeliz trabajador y éste se precipitó sobre las salvajes corrientes de agua que pasaban bajo el puente que en cuestión de segundos lo devoraron, literalmente lo tragó el río.

Amigo, mi gran amigo, estoy aquí sentado detrás de mi escritorio murmurándole a mi corazón con irremediable tristeza, mucha tristeza ¿Por qué perdemos a nuestras amistades?

“Aún no empieza este programa cuando ya tenemos que acabar” dijo con su hablar y pose contundentes en alguna emisión de su programa, Ricardo Garibay; cuando ante la inminencia de la privatización del canal 13 se le recortaba el tiempo de transmisión a menos de media hora.

Desde el fondo de este casi maduro corazón levanto mi voz para agradecerte. Gracias por haber llegado a esta noble tierra zapoteca; porque las felices coincidencias han permitido tu querida presencia en Juchitán; porque iluminaste con luminosidad potente la noche de la plaza central, una añeja plaza presenciadora –alojadora- de múltiples acontecimientos históricos: el último adiós al general Charis; el referéndum para reiterar el apoyo popular a aquella Cocei revolucionaria; el vigoroso saludo a los zapatistas de Chiapas y del mundo; los cálidos abrazos –sin acarreo- para Andrés Manuel, por ejemplo.

Julia, Beta y Lancha son hijas del carrizo que un día tejió don José en un rancho de San Agustín, las tres hermanas viajaron, porque ese era su destino, debían ser llevadas donde las pidieran, aunque tuvieran que olvidarse y despedirse para siempre de aquel olor vallisto a maguey, nísperos y guajes en que habían nacido y como también sus antepasados lo hicieron por la misma causa; y es que don José aprendió el oficio de sus predecesores familiares, quienes un día viajaron a la antigua Ixtaxochistlán, llevando esa mercancía que las tecas adoptaron para siempre por su utilidad. En fin, ahora ha pasado el tiempo y es la ciudad comercial de Juchitán quien las espera.

En edición anterior de Enlace di a conocer una lista de nombres femeninos en la lengua de los binnizá, que forma parte de un trabajo más amplio de alrededor de trescientos nombres de personas, que pretendo publicar como un librito de consulta para quienes quieran llamar a su hij@ en diidxazá. Allí mismo me comprometí a publicar los nombres masculinos, y es el que estoy cumpliendo ahora con el listado que aparece abajo.