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Wed, Mar

Como un homenaje a Juchitán y a sus mujeres, el artista oaxaqueño Demián Flores presentará la exposición Estucos, a partir del martes 2 de febrero en la Galería Planta Alta y Espacio Visual del Centro de Cultura Casa Lamm.

En el espejo tembloroso y tristón de los charcos
me miraba la cara al lado de la luna
ROQUE DALTON

Hagamos un trato María Tecúm, yo le enseño a trepar a los árboles, a masticar los trozos de caña, a maldecir en mi lengua y a leer las estrellas, a cambio de que usted me enseñe a mirar con sus palabras; los atardeceres de magia en Praga y esa sensación que dicen se apodera de ti cuando despega el avión de la tierra.

Podrás engañar a todos durante algún tiempo,podrás engañar a alguien siempre; pero no podrás engañar siempre a todos” Abraham Lincoln.

En la ciudad de Juchitán de Zaragoza, Oaxaca, no existe el Matriarcado, mucho menos el Patriarcado, en este pueblo lleno de flores, sólo existe el entendimiento entre el hombre y la mujer, específicamente entre los esposos, aún cuando un montón de aventureros y aventureras como verdaderos mercachifles de notas y reportajes llenos de mentiras -ellos vienen de otros pueblos lejanos y que nunca han vivido en el corazón de nuestra patria chica-, se atreven a aseverar tales razonamientos plagados de falsedades que pasan perjudicando nuestras costumbres, nuestra cultura y nuestras tradiciones; todos sabemos que el Matriarcado: “Es una forma de organización de comunidades o sociedades en las que el poder y la autoridad están en manos de las mujeres” posiblemente existió el matriarcado en otros tiempos y en ciertas tribus, eso lo sabemos porque sí lo hubo, pero decir y afirmar que en Juchitán existe este modelo de gobierno familiar, es una vil mentira.

Juchitán, Oax.- Alguna vez me preguntaron si llegué a conocer a Henestrosa, siempre respondo que lo conocí en la ciudad de México, en una exposición de pintores juchitecos en el Hospital siglo XXI que organizó Alfredito Cardona Chacón, el viejo Henestrosa andaba buscando a una joven pintora y me preguntó por ella y yo le indiqué con el índice por donde estaba. Eso fue todo el diálogo que llegamos a tener.
Llegué a verlo en varios eventos en la capital siempre erguido, presto a bailar los sones que bailaba a brinquitos, con sus manitas al frente a la altura del ombligo parecía un conejito en medio de la pista, las personas que trataban de hablar con él tenían que gritarle al oído porque estaba medio sordo y no escuchaba incluso cuando llevaba un aparato en la oreja: na cuata dxe’ diaga be decían los chistosos.

Juchitán, Oaxaca.- “Nuestra Señora de la Iguanas” es Sobeida Díaz, juchiteca retratada por Graciela Iturbide hace más o menos treinta y cinco años. La foto resultó emblemática de la fotógrafa que ganó el Premio Internacional de Fotografía, otorgada por la Fundación Hasselblad, considerado el premio “Nóbel” de esta disciplina. 

Tehuantepec, Oaxaca.- Al hablar de los viejos oficios es desempolvar los recuerdos y caer en la nostalgia, es ver en el álbum de los espejos lo que fuimos y somos; pero también, es darnos cuenta de los oficios que van desapareciendo: los curtidores de piel, los talabarteros, los mensajeros, los sastres, los alfareros y los peluqueros igualmente llamados barberos. Desgloso: Decir peluquero es decir un hombre pulcro en el vestir y el hablar, que conoce el secreto de la vida y que al igual que un cura, sabe mucho del dolor del pueblo. Decir peluquero es decir de un confesor que sabe aligerar el alma, es también decir de un trabajo digno y bondadoso. Decir peluquero es parafrasear a Porfirio Díaz en el Ipiranga y decir: ¡Adiós, Tehuantepec de mis recuerdos!

A Nelson Guerra y mi hermano Sandino

Venían nuevos en un color azulado y terminaban amarillentos al pasar los años, Por qué los llamaban Duramil lo descubríamos al paso del tiempo, las mejores sandalias que podías tener en la infancia.

No recuerdo el número ni el nombre de todos. Tal vez éramos cuatro, pero la memoria quiere traer solamente a los hermanos Javier y Vicente Escudero para decirme que con ellos salíamos por las noches, de siete a nueve, aproximadamente, a partir del dieciséis de diciembre, con la primera posada, a recorrer las calles y casas de la primera, tercera y cuarta sección juchitecas.
Parados frente a las puertas declarábamos nuestra solicitud: ¿Hay posada? Y entonces, la dueña de la casa en cuestión respondía según fuera su talante, sus ganas de escuchar un breve cántico a honras del Niño Dios. Si era afirmativa la voz, nos dejaba entrar y nos prosternábamos, que es como se dice en palabra borgeana “nos hincábamos”, ante la mesa de los santos.
Pero si no había buena voluntad o no se tenían unas monedas para corresponder, nos daban las gracias y a otra parte.
En el primer caso, Javier, que tenía algún conocimiento en reparar radios, oprimía un pequeño apagador y ¡eureka! se hacía la luz al interior de una pequeña caja de madera, donde habíamos montado un pesebre con heno, animalitos de plástico, pastores, reyes magos, María, José y el niño que habría de nacer el veinticuatro por la noche. Enseguida comenzaba el cántico, en cuya letra se decía “alabando a Dios quítense el sombrero, porque en esta casa vivió un caballero; vivió un caballero, vivió un general, les pido licencia para comenzar…”.