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Thu, Sep

Nos llegó la noche en la fiesta de papá, comienzan a asomarse las estrellas. Acabo de cantar un bolero cubano acompañada por el teclado. Las luces del patio se han encendido, la oscuridad no se puede mezclar con la gozadera que traemos. Las banderas de papel china danzan con el sereno y el teclado entona una salsa muy conocida. Todos bailan, comen, beben, gozan. Veo a los meseros, he decidido que ellos también son nadie, me acerco a uno de ellos. Se llama Jesús y estudia una ingeniería que desconozco.

El terror a la muerte es la base del animismo primitivo de los zapotecas y los niños de antaño, mezcla resultante en alguna forma de este grupo étnico, traen consigo esta mentalidad que tiende a manifestarse en su vida cotidiana.

Albino Jiménez fue un notable conductor de hombres en los poblados de Juchitán, Oax.; y figura entre las eminencias de la región, sin haber sabido nunca leer ni escribir y sin haber hablado una palabra de español.

Un día fueron apareciendo y no las pude detener, esferitas marrones pasaron por toda mi mano, cuando vine a darme cuenta, ya las cubrían por completo. Tu abuela me quiso advertir y ahora yo tengo que advertirte. Yo no soy celosa, tú lo sabes. He compartido la receta con todas mis hermanas a pesar de tu abuela, que en paz descanse. Ella sí era celosa. No sabes cuántas veces le pedí que me enseñara, pero siempre decía que esas cosas no se comparten. La comida y la bebida son un secreto que una se lleva a la tumba, me decía. Nunca cedió y yo aprendí como aprenden los maestros, de ver. Si tu abuela supiera que todas mis hermanas saben su receta, vuelve y me lleva con ella de vuelta a la muerte, a lo mejor eso pase conmigo.

Escucho tu voz, Sapandú, es el viento quien trae, el rumor de las rocas al golpe incesante del mar Gueela’ Gui’ Chi’; siento tu aroma deslizándose como la espuma sobre los poros de la piedra; tu recuerdo, ti–leme, en aroma nocturno…