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Thu, Sep

Desde la explanada, a un lado del parque bajo el ardiente sol de Espinal en que lo oíamos hablar, subido sobre una camioneta que servía de improvisada tribuna, parecía que de un momento a otro se quebraría o este se doblaría a la altura del estómago, que parecía hundirse cada vez que el orador enfatizaba sobre algún aspecto del discurso que en esos momentos estaba diciendo a sus paisanos y amigos presentes en el acto de apoyo al candidato de la alianza COCEI-PSUM. Era el domingo 30 de octubre. La primera vez en la historia del pueblo en el cual nació Vallejo en que, cansados los espinaleños de las imposiciones y engaños del PRI, lanzaban un candidato opositor al del partido del gobierno. Por esa razón se hallaba Demetrio Vallejo ante sus paisanos fortaleciéndolos el espíritu de lucha desde la fragilidad, casi quebradiza, de su cuerpo, lo que resultaba paradójico y difícil de creer. Pero así era. Apenas llegó a la casa de la señora Matilde Cabrera bajo los frondosos tamarindos se formaron ante él parientes, primos, sobrinos, amigos, etcétera, para oír las palabras pausadas y alentadoras y estrechar la mano del gran luchador ferrocarrilero, que iba recordando y reconociendo a quienes se hermanaban con él en la lucha por la democracia.

Juárez no era sólo el hombre rígido de las fotos, era también un gran bailarín, señaló el escritor y Director del Fondo de Cultura Económica, Paco Ignacio Taibo II, y con datos, expresiones poco solemnes como ésta, durante dos horas mantuvo la atención del numeroso público que asistió al séptimo día de actividades de la Feria del libro “Víctor de la Cruz”.

Las actividades lúdicas, los juegos infantiles, allá por los años 50 y 60 del siglo XX todavía se improvisaban y todo era acorde a la condición social y económica del niño y el adolescente espinaleño, que en la generalidad, su signo de vida fue siempre la pobreza, aunque comida no faltaba pues el campo lo daba.