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Fri, Sep

Quiero contar una historia, de esas que hacen pensar en la misteriosa identidad del hombre, en donde quiera que haya nacido y en cualquier tiempo. Me la refirió un hombre de pueblo, con lo cual quiero decir que es veraz, que tiene una sabiduría de siglos, no aprendida en libros, sino de oídas.

Para los convites y para la calle, el huipil se lleva colgado de la cabeza por el holán, formando así un resplandor grande sobre la frente.

Existe una piedra en forma de mujer y se encuentra en territorio de Tequisistlán. La historia la resumimos así: a los que pasaban por ahí tiraban piedras pequeñas en un espacio dónde está una piedra que parece mujer acostada.

Lo que en tu niñez viste, oíste; no lo olvidarás nunca, pasarán los años y las imágenes, los sonidos ahí quedan para siempre. El olor de la comida, de la flor al amanecer; el olor de aquel amor- aunque esto no ocurra en la infancia-. Sólo que tampoco se olvida, de ahí lo atinado de la pieza musical de Álvaro Carrillo: Sabor a mí.

La fuerza de sus colores, la magia misma de sus creaciones traen a la memoria mujeres fantásticas, pájaros increíbles, colores indescifrables en un mundo mitológico y onírico de los zapotecas, que permiten volar el pensamiento en absoluta libertad y en completa irreverencia con la realidad.