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Sun, Jul

La salvaja que cautivó a Chico Pino

Istmo
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Un tal Chico Pino dice que salió una buena mañana de su casa, para ir de cacería hacía el sur de los gulucheño de Zanatepec, en un aguaje conocido como El Tábano. Su mujer Juliana, le dijo;

-También lleva bastante agua, Francisco, a lo mejor no regreses luego.
-Te voy a buscar el venado más grande, mujer, para tener carne seca y puedas vender algo también- dice que la animó.
Lejos estaba, dice, de lo que le podía sucederle y del alboroto que causaría en su pueblo San Mateo del Mar.
Muchas veces había escuchado historias de salvajes pero nunca había tenido la oportunidad de ver alguno.
-¿A dónde vas, Chico Pino bocabierta?- le preguntó un paisano al reconocerlo.
-Voy en busca de un venado que tengo visto en el monte.
-¡Pero si tú no matas ni un conejo!
-Sigue tu camino, teco cabrón, tú sólo eres bueno para robar bueyes de la gente- le respondió al hombre.
-Pues ten cuidado, Chico Pino, porque dicen que por esos lugares vive el salvaje.
Y Chico Pino siguió andando. Llegó entre aquella montaña un poco tardecito. Buscó un lugar para acomodarse, había un árbol de chicozapote, se trepo entre sus ramas para divisar mejor al animal. Estuvo allí por mucho tiempo y el venado esperado nada que bajara. Durmió un rato acomodado entre la ramazón. Al amanecer de día siguiente escuchó ruidos, preparó su escopeta, pero fue grande su sorpresa; eran voces de gente desconocida.
-¿Posh? –dijo uno.
-Posh – contestó la voz de mujer.
Se dio cuenta, dice Chico Pino, que era un hombre y una mujer nada menos que un par de salvajes. ¿Será posible que yo vea estos diablos?, dice que se preguntó, le dio medio que lo descubrieran. Buscó la manera para verlos mejor; fueron directo al agua para bañarse. Pero pronto el salvaje pronto el salvaje empezó a olfatear al aire.
-¿Posh posh? – alertó.
-¡Posh! – respondió la salvaja.
Miraron hacía todas partes muy ariscos, luego salieron corriendo, pero él los fue a seguir. “Le voy a dar en la madre a ese salvaje” dice que se propuso. Preparó su escopeta. En la punta del cañón, alrededor de la mira, amarro un pelo del sexo de la mujer, que siempre cargaba, por si la dudas, pues de alguna manera él sabía que este truco, sin esto su disparo sería en vano. Se escondió detrás de un tronco de huanacastle, sobre la misma vereda: apuntó y le disparó: le destrozó los pulmones y el corazón y el salvaje cayó bocabajo bien muerto. Llanto grande que hizo la mujerona al ver sin vida a su hombre.
-¡Tu fuiste, maldito Chico Pino- le reclamó, él se extrañó que lo conociera.
Y de prontó la salvaja se le puso a los pies llorando todavía.
-¡Ahora soy para ti, Chico Pino, tú serás mi dueño porque tú lo mataste!
Dice Chico Pino que él todavía lo pensaba, pero ella lo jalo:
-Ahora vamos a mi casa –le señaló.
Caminaron entre el amonte hasta llegar a un lugar, a una casa vieja de palma y ramas secas.
-Primero come esto- le puso la salvaja una rueda de estiércol seco de vaca-. Termina y luego comés esto otro- y señaló su sexo peludo.
-Bueno- dijo, hizo como que comía.
Resultó que a la hora del acto, dice Chico Pino, que los pelos de la salvaja los tuvo que peinar y luego los amarró a la cintura, porque así nomas no hubiera podido hacer nada, pues aquella mujer tenía todo lleno de pelo y muy largo.
No supo si pasaron meses o años, pero Chico Pino quedó flaco y cautivado por la salvaja y no regreso con Juliana. Pero una noche vio muchas luces: eran antorchas de la gente de Juliana que ya lo habían localizado, por más que la salvaja lo llevó en los hombros, lo pescaron al amanecer, lo recuperarón a él, todo trastornado y variable por el amor de la salvaja, en tanto que ella corrió y no le dieron alcance, huyó a la montaña.
Bien amarrado lo llevaron en San Mateo y lo perzogaron bajo un mezquite y allí estuvo mas de quince días. La gente lo llegaba a ver y se compadecía de él: como a un perro dice que lo trato Juliana, como un animal salvaje, dándoles cosas raras en las noches, hasta que otra vez la pudo reconocer; Juliana, quien lo había arrancado de los brazos de la salvaja.
Eso dice Chico Pino que le sucedió en amores con la salvaja.

(de una versión de Sebastián Toledo, de Ixhuatán).

*Tomado de la Revista “Guchachi reza”- Iguana Rajada/Cuarta época/Número 42/noviembre-diciembre 1993/Juchitán, Oaxaca.