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Sun, Feb

“Nuestra Señora de las Iguanas”

Istmo
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Sabías que…??? El personaje más emblemático y representativo del Istmo, en particular Juchitán por la fotografía “Nuestra Señora de las Iguanas” es la ya fallecida Sobeida Díaz, juchiteca retratada por Graciela Iturbide hace más o menos treinta y siete años, 1979 para ser precisos. La foto resultó emblemática de la fotógrafa mexicana que ganó el Premio Internacional de Fotografía, otorgada por la Fundación Hasselblad, considerado el premio “Nóbel” de esta disciplina.

La Fotografía “Nuestra Señora de las Iguanas” es parte de una serie fotográfica que Iturbide expuso con el nombre “Juchitán de las Mujeres” y que atrajo la atención de otros fotógrafos hacia el Istmo .En USA, esta foto vino a ser un icono en aquellos tiempos de los hispanos radicados en ese país.

Cuenta Graciela Iturbide como logro tomar esta fotografía:
“Estaba yo en el mercado de Juchitán y de pronto vi llegar a esta mujer que llevaba iguanas sobre su cabeza. Ella venía llegando a su puesto en el mercado, donde vendería las iguanas para ser guisadas. Esto es muy común en Juchitán. La imagen me asombró tanto que en ese mismo instante le pedí que me permitiera tomarle una foto. A ella le causó mucha gracia el asunto y, muerta de risa, volvió a colocar sobre su cabeza el manojo de iguanas que ya había depositado sobre una mesa. Hice varias tomas porque no todas resultaron como yo quería. En Austin, Texas, está a punto de ser publicado un libro sobre mi fotografía y en él se va a incluir la hoja de contactos de esa serie. Al principio, todas las iguanas están como caídas y ella está muerta de risa. Entre todas, solamente hay una foto en la que todas las iguanas quedaron paraditas y en la que la mujer también sale bien. La toma fue hecha frente a su propio puesto en el mercado, sin buscar un lugar quizá más apropiado. Todo fue bastante apresurado. Por eso mismo te digo que es y no una puesta en escena.”

Sin duda Na Sobeida con sus ojos de iguana contribuyó para el éxito de la foto, pero nunca hubiera trascendido sin el ojo fotográfico de Graciela Iturbide que captó la imagen como algo valioso y artístico.

“Es la juchiteca la dueña del mercado. Es ella la del poder, la comerciante, la regatona, la generosa, la avara, la codiciosa. Sólo las mujeres venden. Los hombres, con su machete y su sombrero de palma, salen en la madrugada a la labor; son iguaneros, campesinos, pescadores. A su vuelta, entregan su cosecha y las mujeres la llevan cargando en una jícara pintada de flores y de pájaros a la plaza; su cabeza altiva coronada, frutas espléndidas y rotundas, plátano macho, guanábanas que sea abren, papayas, sandías, piñas, anonas, zapotes, chicozapotes, guayabas que destilan su olor irrepetible. En el mercado junto a los puestos de loza vidriada verde traída de Oaxaca, la cerámica negra de Juchitán, el tasajo seco, la cecina cubierta de moscas, el azúcar morena, reverdecen las frescas hojas de plátano que se doblan cuadradas para envolver la masa de harina de maíz, la carne y la salsa de chile que conforman los tamales calientitos; en aparadores de vidrio, centellean las cadenas de oro, los collares de monedita, los aros que han de perforar las orejas. Aquí, el puesto de chocolate, allá la bebida prehispánica bu’pú, espuma hecha con cacao fresco, azúcar y pétalos tostados de las flores del gie’suba batida hasta formar una espuma fragante y espesa. Refinado manjar de los reyes. Y más allá palmas, escobas, sogas, medias sogas, y más acá huaraches, estribos, fustes, sillas, espuelas, y aquisito chapas, bisagras, cerrojos, que se parecen a los camarones redondos cerrados sobre sí mismos, amontonados en canastas, traídos por los huaves, junto con los frescos huevos de tortuga y el pescado seco, tatemado al sol. Allasito, los totopos istmeños, esas amplias tortillas que se cuecen dentro de la tierra, crujientes y rotundas como el perímetro de una falda en el suelo, son prueba de que la vida no tiene amarguras. Los totopos ríen. Se la pasan riendo. Ríen hasta cuando les encajan los dientes. Absortos en el refugio de la tierra van al refugio de la boca a formar parte de su lenguaje.

“Juchitán es un espacio mítico en donde el hombre encuentra su origen y la mujer su esencia profunda”.