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Tue, Oct

Papalote

Istmo
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Después de la estación de lluvias, por el mes de octubre, es la época del papalote en el Istmo.

No solo los niños sino los adolescentes se divierten con este juego, volando su papalote.
Diez años atrás, año con año, los jóvenes y adultos se divertían con este juego, que las más de las veces terminaba con saldos dolorosos, pues como entraban en acción palmadas y porrazos, varios se lastimaban.

Este juego de niños se llama en zapoteco guendarundaaha (soltar). Consiste en que uno de los jugadores corre hacia el norte llevando el hilo del papalote. Cuando ya ha corrido a cierta distancia de sus compañeros, lo suelta para que aquellos lo esperen y lo alcancen, dando muestras de buen saltador. Así se pasan gran rato en medio de alegres griterías.

El mismo juego entre los hombres se llama quendarutcheenda (enredar). Sus papalotes de combate son como de un metro de altura, hechos de papel resistente, con una cola larga, aproximadamente de cinco metros. La cola está hecha de mecate, atravesada por pequeñas tiras de trapo de colores vistosos; por el extremo de ella va atada el arma de pelea, que es una media luna, tan bien afilada como una hoja de afeitar. Son dos partidos los contendientes y uno de los jugadores más adiestrados es el que lleva el gobierno de papalote.

Al empezar la pelea de Dos gallos, estos se acercan. Uno jala hábilmente, recogiendo el mecate del papalote, para lograr que suba a mayor altura que el del enemigo. Cuando esto se ha logrado, lo suelta de golpe para atacar al contrincante, con el intento de cortarle el mecate que lo sostiene; pero como el que maneja el otro está a la defensiva, suelta también de golpe mucho hilo para que su papalote baje más rápidamente y evite el intento de la ofensiva, que hace vivir a los espectadores en constante agitación, pues se desarrolla rápidamente en grandes perímetros por todas direcciones, ya persiguiendo el uno al otro o ya convirtiéndose el perseguido en el persecutor. Al fin, el uno logra cortar al otro y en este momento los dos partidos contendientes entran en acción; unos corren a perseguir el papalote que va cayendo para apoderarse de él y hacerlo trizas; los otros corren en su defensa, para evitar que lo rompan. Este es el momento crítico, porque en la lucha los partidos llegan a las manos y hay ocasiones en que tiene que intervenir seriamente la policía, porque suele haber resultados de sangre.

Buen cuidado se tiene de proteger el papalote vencedor para que nadie se acerque a atacarlo.
Los zapotecas istmeños, desde pequeños, juegan a las carreras de velocidad, a los porrazos y a las suertes del ceñidor. Por eso crecen muy livianos para los ejercicios y para los juegos deportivos que ahora se les empiezan a enseñar hasta en las escuelas.

Tradiciones y Leyendas del Istmo de Tehuantepec. Gilberto Orozco. Revista Musical Mexicana 1946. Pág. 73