03
Wed, Jun

El rayo atrapado

Istmo
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Iba un día –dice don Sabino– con mi carreta a recoger leña al campo. Iba sin preocupación alguna. Llegué a la milpa y empecé a rajar troncos y a recoger lo que un día antes había cortado.

Cuando cortaba la leña repentinamente escuché un ruido, un lamento, que salía del interior de un mezquite que tenía dos brazos en forma de horqueta. Me acerqué al lugar con ánimos de ayudar a quien se quejaba. Vi que exactamente de una de la ramas salía aquel quejido; era el lamento del rayo que me dijo:
–Oye, Tá Sabino, mira esta desgracia mía. Llevo mucho tiempo aquí. No sé qué pasó bajo este árbol, que con sus manos me atrapó. Ahora no puedo salir de paseo por el mundo, echando aguaceros y fuertes vientos.
–Ajá –dijo Tá Sabino–, gracias a mí existe el rayo que pasea por este cielo y por esta tierra. Es por eso que pudo salir debajo de aquel árbol de mezquite. Y cuando ese rayo me ve, solo me saluda con luces y truenos.
Por eso –cuenta Tá Sabino–, gracias a mí existe el rayo que pasea por este cielo y por esta tierra. Es por eso que pudo salir debajo de aquel árbol de mezquite. Y cuando ese rayo me ve, sólo me saluda con luces y truenos.
Es por eso que el rayo nunca ha vuelto por mi milpa.