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Wed, Jun

La hechicería entre los antiguos zapotecas

Istmo
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En 1935, el tehuantepecano, Wilfrido C. Cruz, publicó su libro titulado, “El Tonalamatl Zapoteco”, una joya, ya clásica e imprescindible para el estudio de la civilización binniza’. De este libro, tomamos la parte que habla sobre: La hechicería entre los antiguos zapotecas.

La brujería puede provocar la salud o la muerte. Entre los antiguos zapotecos la brujería se confundía con la medicina.
El brujo o bruja se llamaba Binnibidxaa, binnirigu’ba’ o bixé’. El término Binnirigu’ba’ significa gente chupadora de sangre. La etimología de Binnibidxaa es binni, gente; bí, aire; dxaa, tibio. El brujo es la encarnación humana de un aire tibio.
El bidxaa zapoteco, mediante ciertas maquinaciones ejercitadas en su propio organismo y el rezo de oraciones demoniacas en las que recurre al auxilio del Binnidxaba’, se transforma en un animal, generalmente un perro, un mono o un cerdo que vagan por las noches en los poblados sin cometer más daño que el de meter entre los pies de la gente para derribarla o plantarse en un camino para interceptar el paso. Puede fijarse al brujo prendiendo su sombra con una aguja o con cualquier otro objeto punzante de metal, o bien restituirlo a su forma humana, azotándolo con un lienzo o mecate empapados de orina.
El bidxaa es enemigo de la luz de día; los rayos del sol aprisionan en lugares oscuros. En cambio, la luz de luna le es propicia. Los brujos zapotecas prefieren las noches claras y serenas para regresa sus chocarreras andanzas, dejando a su paso un lúgubre concierto de aullidos de los perros que saben distinguirlos de los animales vivos, inocentes y verdaderos.
El bixé, es un duende travieso, pariente del bidxaa, que tiene predilección de reírse a costa de la gente, reproduciendo durante la noche todos los ruedos habituales que ocurren en el día. Algunas veces el bixé toma forma femenina y atrae a los trasnochadores, seduciéndolos con su grácil apariencia, para llevarlos al despoblado a donde desaparece. Una de las particularidades de esta entidad diabólica es la de que mientras los que la siguen corre, tratando de alcanzarla, ella marcha tranquilamente: sigo inequívoco de que se cierne en el aire para avanzar, como aire que es, Algunas ocasiones el viajero que cruza la montaña ve a lo lejos una gran llamarada, como si el bosque se estuviera quemando; que viene por tierra un árbol corpulento y hasta oye el estrépito del árbol que cae. Se aproxima el lugar del fenómeno y ni el bosque arde, ni el árbol se ha caído. Es el bixé que ha hecho de las suyas.
Las brujas se transfiguran en bestias saltando tres veces sobre un apazle con agua. Para ello colocan la vasija sobre un petate, a la cabecera de las camas a donde duermen sus maridos. Por regla general son las más ancianas de la comunidad, las hechiceras.
En los manantiales, durante las noches obscuras los hechiceros zapotecas convertidos en bolas de lumbre, saltan y bailan. En Santa Lucía Ocotlán, estos seres diabólicos se llaman xquéera, y en el Istmo xquiiruguí. Hay una clase especial de brujos, más bien demonios, que en Valle se denominan gubase. Cuando los pastores se quedan dormidos, estas entidades llegan y les arrancan el sexo, dejándolas maltrechos y sangrantes. Las víctimas pueden recuperar sus órganos perdidos si al día siguiente de ocurrida su desgracia regresan al sitio de su mutilación se acuestan y esperan a la vuelta del duende. Entonces no tarda en lugar este y le devuelve a su víctima la porción se su cuerpo que le arrebató, curándolo. El gubase es duende femenino. Su objeto al cometer los desaguisados referidos, es el de hacer travesuras a otra gente con el miembro sexual que arranca de los caminantes o pastores que se quedan dormidos en la montaña.
La cola del coyote sujeta a los brujos y es porque en ella existe un pelo que pertenece al binnidxaba’. Por eso, cerca de donde yace un niño, los indígenas amarran una cola de ese animal. También, para sujetar a un brujo, los indígenas se cambian sus huaraches, el derecho en el pie izquierdo y viceversa. Sobre todo, la precaución elemental de aquel que ve acercarse un bidxaa es cerrar y apretar las piernas para impedir que el brujo se meta entre ellas.
Una de las manifestaciones más usuales de la hechicería entre los zapotecas nos la recuerda la expresión bisi, que significa agüero. El brujo zapoteca sabía descubrir en el vuelo y en el canto de las aves los secretos del prevenir. El sumo sacerdote de Mitla ingería un brebaje especial aderezado con yerbas excitantes para ponerse en trance y predecir el futuro; de aquí que se le designara también con el nombre de Pezalao, el que augura, el supremo agorero. Esta práctica, condenada por la Iglesia y considerada por los padres como demoniaca, hizo que después de la conquista, el concepto bazeendu’ significara demonio.
Lo cierto es, que la brujería entre los binnizá, era una práctica común de los sacerdotes para prevenir los males, curar enfermos y adivinas el futuro del ser y de la sociedad.

* Tomado del periódico: Enlace de Oaxaca. Juchitán de Zaragoza, Oax. 16 de noviembre 1999. No. 449. Año XII