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Thu, Oct

La iglesia de Abisinia y mi abuela Tomasa Cata

Istmo
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Desde la calla 16 oí los cantos, voces con quiebres, como cuando los rezadores entonan el ‘alabado’. Con mi pésimo inglés dije: qué hay allí. Y con mi pésimo oído entendí: es la iglesia de Abisinia, todos los domingos hay misas especiales.

Hay veces, nuestro desconocimiento, nuestra ignorancia sobre el ritual de los otros nos vuelven atrevidos. Ingresé a la iglesia y miré que la gente se quitaba el calzado y se postraba. Me paré casi detrás de la puerta: una sección de mujeres y otra de varones, todos envueltos con velos blancos. El altar semicubierto, con tres sacerdotes oficiando. Toda la misa era cantada en ge’ez, el idioma litúrgico de Abisinia. A media misa dos niños uno cargando la biblia y otro sosteniendo una sombrilla azul recorrieron las bancas para que los feligreses saludaran al libro, primero colocaban la frente luego los labios.
Todo este relato viene a cuento porque me hizo recordar cuando mi abuela Tomasa Cata me llevaba a la iglesia. Aunque ya se había aprobado la reforma sobre la manera de hacer misa, en Juchitán a principios de los 80’s todavía se seguía haciendo como era antes: el padre mirando hacia el altar mayor, la misa era cantada y en latín. De aquellos días sólo recuerdo cuando mi abuela decía: aguinus dei cuitollis pecata mundi miserere nobis. Ya muerta ella y yo con más edad supe qué era lo que decía.
Una mañana fría y los días idos.