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Tue, Sep

Terremoto a 3 años.

Istmo
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Época de Pandemia

Leía esa noche del jueves 7 de Septiembre la novela “Columna de Hierro” de Taylor Caldwell; estaba concentrado en mi lectura sentado en el corredor de la casa. La vida del político, jurista, escritor y gran orador que fue Marco Tulio Cicerón. Su relación de adolescente con el niño que fuera Julio César; que nadie imaginó aquel niño llevaría la expansión o ensanchamiento del imperio romano. ¡Quién! Se iba imaginar que Julio César estaba predestinado de ser el gran emperador ¿romano?... En estas cavilaciones estaba y que de repente levanto la vista y veo el cielo con una luna grande, enigmática como cargado de un funesto mal augürio; sólo que no adiviné el contenido de la rareza con que me pareció ver la luna.


Cierro el libro y me dispongo a dormir en la hamaca, ahí mismo en el corredor de la casa de tejado de 2 aguas. No habría pasado ni un cuarto de hora cuando sentí el temblor y una calma chicha seguido de ladridos de perros; de inmediato me levanté y me fui al patio debajo de un Guiee Xhuuba - Jazmín del Istmo-; y desde ahí vi cómo la casa como de juguete se iba de Oriente a Poniente estremeciéndose , y me pareció que la tierra se iba abrir; sentí mucho miedo y creí que mi vida hasta ahí acababa; a pesar del movimiento telúrico hubo chispa de sentimiento de tristeza y de melancolía. El fin de la vida era lo que se inscribía en el pensamiento al Ipso Facto, el anuncio pues del fin del mundo.
Poco a poco se fue normalizando la situación en medio de la oscuridad; se fue la luz; mientras se escuchó el torrente de tejas caerse del techo como cascada de agua. Un silencio roto por el continuo ladrido de perros; murmullos de voces de vecinos en medio de la noche. La pregunta obligada: ¿Estás bien?; ¿están bien? En esa noche no se alcanzó vislumbrar el tamaño del daño sufrido. Las personas que esa noche quedaron debajo de los escombros; la pérdida de tantas vidas humanas y las que en los días posteriores, meses se fueron muriendo de nostalgia, de tristeza y de pesar por lo vivido o por pérdida de parientes cercanos o por la pérdida de sus casas; ante la depresión y la falta de empuje o valor de volver a empezar. Sí, mucha gente murió de soledad y por falta de esperanza. Se les veía bien por la mañana y al anochecer ya estaban muertos. No supimos en el mero día de los que murieron, hasta que ya habían sido enterrados.
Los escombros en las calles; las excavadoras y los volteos eran los vehículos que circulaban a montones por las calles de Juchitán. Fue una época de escombros tirados en las calles por muchos meses, hasta hoy hay vestigios; después vino la reconstrucción; las empresas constructoras, los trabajos; dormir en las calles en grupos de vecinos y luego la lluvia de esa misma noche del 7 de septiembre; me recuerdo en medio del patio unos minutos después del terremoto, con un paraguas sentado en el patio mientras el agua corría como arroyito sobre mi pie.
Vendrían las tiendas de campaña y más tarde la reconstrucción que hasta hoy continúa. La noche del 7 de Septiembre fue una noche negra que para ver la luz ha llevado tiempo. Amigos; hoy recordamos con nostalgia a los y las personas que murieron esa noche; las que fallecieron en los días posteriores.
A ellos nuestro recuerdo inolvidable y que Dios los consuele en su descanso eterno. ¡Ánimo! ¡Que la vida que nos ha mostrado su faz dura! ¡Echésmole! Ganas que vale la pena vivir.
¡Cuídense! Mis amigos; mañana día de nuestra Señora de la Natividad; y de ahí que en zapoteco Septiembre se llame beu' Natiivita'. ¡Hasta pronto! Estimados lectores.