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Wed, Aug

Los claros clarines

Istmo
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En efecto, como diría el maestro Rubén Darío, ya se oyen los claros clarines de la cuaresma. Al ritmo de las enaguas de holán que se menean con la cumbia barulera, todo Xadani se reúne en un enorme fiestódromo habilitado en la unidad deportiva, y aprovechando el perímetro de la cancha de fútbol se alinean las mesas, las sillas, las suculentas botanas (sueltan el macabil, el abulón y el pulpo su aroma de mar en los platillos que reparte Lourdes Valdivieso entre sus invitados). Ya viene el cortejo cuaresmeño, ya viene el cortejo, señoras y señores.

Cincuenta y nueve socios y socias de esta joven vela, cobijada por los empeños comerciales de una marca cervecera, se afanan para organizar como el buen Dios manda esta festividad, ellos no saben acaso que hoy es el martes de carnestolendas y en realidad celebran su versión del carnaval, el jolgorio que despide con tambores y trompetas la mundanal alegría para poder entregarse al recogimiento espiritual de la cuaresma, los días que anteceden a la pasión de Cristo.
Por cierto, resulta curioso darse cuenta que esta Pasión, la referida al hijo de Dios, a sus padecimientos redentores finales, es sincretizada entre nosotros al grado que esa palabra pasa a utilizarse para designar a la cruz, el lugar en que el Hombre reclamó a su Padre: Elí, Elí, lama sabactani; entonces, en la temporada de semana santa podemos ver a las señoras que venden pasiones, atrevido oficio.
Pero decíamos de esta fiesta de la carne que celebran los xadaneños, una pachanga que hoy es presidida al alimón por el Super grupo Caribe, que nomás nunca supo ecualizar su potente sonido, y una inmensa ceiba plantada al sur con todo y su enormidad bailando al compás de un viento que ya despide su estación.
Alrededor de la cancha mueven su entusiasmo los mayores, mientras que al centro los pequeños se inician en el galano arte de la bailada, seguidos por la mirada despierta del fino joven Sara. Por acá un muchacho espigado, con pinta de entregarse con fe a los aeróbics, danza cadenciosamente, diríase que con elegancia; Romel se llama, me dijeron, trabajó en Recaudación de rentas en tiempos del turco Murat; un cabello de color negrísimo le corona la cabeza, signo inequívoco de la efectividad de un producto para paliar las canas llamado Just for men.
De este lado, por la portería poniente, un mocetón trata de mantener el equilibrio; con evidente muestras de lo ya bebido baila un son con una espléndida mujer recién llegada de Monterrey. A pocos pasos de ahí, un grupo de muchachas embutidas en vestidos negros festeja a carcajada abierta su regreso a casa, luego de haber pasado un año trabajando en Guadalajara.
Casi sin sentir uno se da cuenta de cuánto ha crecido el número de festejantes, aunque media cancha está llena de bailadores se puede ver un buen tanto de parroquianos ocupando las sillas, saboreando las viandas, dejando caer despaciosamente el frío líquido ámbar coronero en la garganta.
Cuando dan las dos de la mañana el suelo está poblado ya por una incontable cantidad de envases cristalinos, mientras hombres y mujeres llevan en la mirada y en la risa el efecto de la cerveza consumida. Las voces aumentan de volumen, las gruesas manos de ellas reposan seguras en la cintura, reinas de una fiesta interminable observan satisfechas el ambiente, en tanto que los varones comienzan a sentir la lengua pesada pero el espíritu ligero. La pequeña Nuria duerme después de mucho danzar con su hermosa madre.
Cuatro horas han pasado desde que la cohetería elevó su estruendosa alma para anunciar el inicio de la vela, los lumbreros crisantemos iluminaron intensa, aunque fugazmente, la noche. Ya los ojo del escribano quieren bajar las cortinas, el sopor de la madrugada comienza a llegar (luego me dirán que el asunto terminó a las seis de la mañana con el último son del juchiteco grupo).
Quedan seis días por delante. Viene el baile del capitán, justo el miércoles de ceniza (ahora le sellan a uno la frente con un plástico de imprenta, antes eran los pulpejos del índice y el pulgar los que trazaban el rumbo de la cruz antigua). Enseguida arribará la fiesta de la capitana, luego la tirada de frutas (donde se tira cualquier cosa antes que dulces vegetales), la misa y la bebedera feliz del domingo en compañía de amigos y parientes.
Asoma su frente el Segundo viernes de Santiago Astata, tenemos a la vuelta la Semana Santa, viene volando mayo, ¡Jesús! Ya viene el cortejo, ya viene el cortejo, ya se oyen los claros clarines, ya viene la marcha triunfal de la alegría.