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Thu, Oct

Divorcio, Relato de una mujer (1ra. Parte)

Istmo
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- Se transcribe íntegramente el relato de esta mujer que omitimos sus datos, a petición de ella.

Cuando me separé de mi marido tenía como veintidós o veintitrés años, no recuerdo exactamente, era una mujer muy joven, con dos hijos, el mayor un niño de tres años y la más pequeña dos.


Mi marido se fue de la casa, porque era muy “cabrón” según él, tenía varias mujeres, tomaba mucho, y siempre que llegaba borracho me pegaba, decía que no servía, porque no tengo ni una profesión, pero siempre le animaba mientras estudiaba en la UPN para ser maestro, me decía, aunque él nunca estudió en la normal, un señor le ayudó a colocarse como maestro, y de ahí se sintió grande cuando ya lo llamaban “profe”.
Cuando se volvió maestro con más ganas tuvo mujeres, no podía pedirle dinero para la comida o ropa de sus hijos porque se enojaba y me pegaba, para todo era pleito, hasta que un día me pegó y me dejó medio muerta, los vecinos llamaron a mis papás y fueron por mí, y se dieron cuenta cómo vivía, todo lo oculté para que nuestro matrimonio estuviera bien, desde ese día no termina mi peregrinar.
Primero cuando intenté denunciarlo por maltrato, me exigían que presentara testigos, mostraba los moretones y los golpes, certificados médicos, para la autoridad no significaba nada, porque siempre me exigía testigos y como nadie quería problemas, nadie quería ir de testigo.
Cuando él me demandó “abandono de hogar”, fue otro problema, acudí con un abogado, le entregué los papeles que me habían dado del juzgado, me dijo que era un problema fácil de resolver, eso me provocó mucha alegría, me dio gusto saber que al fin podría liberarme de ese infierno, toda la explicación era agradable, el problema surgió cuando le pregunté cuánto me cobraría, el abogado sonrió y me dijo
– no se preocupe, no le costará nada.

acoso Laboral
Eso me dio mucho gusto, sin embargo, el licenciado remató diciendo:
– usted es muy guapa.
- Tiene bonito cuerpo y, bueno si usted accediera a que fuéramos amigos, no se tendría de qué preocupar, eso lo atendería yo, y usted solo firmaría los papeles.

Aunque soy medio analfabeta entendí perfectamente lo que pedía, ¡acostarme con él para llevar mi caso!, con toda la educación que tuve le agradecí sus atenciones, no sin antes, decirle que me ofendía y le dije dos o tres groserías que salieron desde el fondo del alma.

Salí indignada, con muchas ganas de llorar, el mundo se me cerró, mi madre, porque para ese entonces mi papá ya había muerto, me preguntaba cómo me iba ayudar, yo que podía esperar, si echaba tortillas para mantener a mis otros cinco hermanos, si yo era la tercera de una familia de ocho hermanos, su apoyo era moral y físico.
Palabras de aliento que me permitían salir adelante. Una amiga con la que trabajé en la casa de una señora que hacía huaraches me recomendó otro abogado, que según ella era bien “chingón”, fui con la ilusión de resolver mi problema.
Recuerdo que estaba en su oficina, según él atendiendo sus asuntos, le dije que me habían recomendado con él, sonrió cuando escuchó esto y me dijo:
- Mis trabajos siempre me recomiendan.
- Este problema lo resolveré en un dos por tres, y del pago no te preocupes, espero que sepas “portarte bien” conmigo por un tiempo, y ya vamos resolviendo todos los problemas.
Me quedé fría al escuchar esta propuesta descarada, sin ni una sola compasión, me veía como un objeto sexual, una perra en brama o una “puta” que buscaba hombre, y luego todavía dijo:
- Tomas…vamos a tomar una cerveza, platicamos y nos ponemos de acuerdo, más tarde a ver que hacemos.
Mientras hablaba sus ojos brillaban, sentía sus miradas que ya me estaban desnudando, libidinoso, puerco, le menté su madre y salí de su oficina, con más coraje que nunca, preguntándome qué pasaba, ¿Acaso ser mujer dejada, abandonada o divorciada es sinónimo de sexo disponible?, o quién da más.
Esa situación me dolió mucho, el tiempo para contestar la demanda se agotaba, busqué los grupos que dicen defienden a la mujer, ahí sentí alivio, porque creí que era el lugar adecuado, me recibieron con cariño, palabras afectuosas que me indicaba que había llegado al lugar correcto, espere por más de una hora, hasta que por fin llegó el abogado, que se concretó en decirme:

- Tenemos que ir al mitin de la compañera, para apoyarla y tu caso lo vemos después con más calma.

Sin saber cómo y porqué, repentinamente me vi ya en una redila y con una bandera en la mano, que encendió su motor y se fue con rumbo a las colonias más alejadas de la ciudad.
Volví al segundo día con la esperanza de ser atendida, pero no tuve suerte, mi caso sería atendido hasta después de no sé cuánto tiempo y me invitaron a continuar con el apoyo.
Ya con el tiempo sobre mí, me dijeron que viera a un defensor de oficio, para empezar, me explicó que no tenía tiempo, sin embargo, por ser un caso apremiante por el tiempo solo contestaría la demanda si le daba un dinero, bueno dije; y cuanto me costara eso licenciado, bueno como apoyo me darás cuatro millones, eso fue de cuando Salinas no le quitaba los tres ceros al peso y se pagaba con millones.
Le pagué, me contestó la demanda y ya nunca supe de él, me cobró como cualquier abogado.
(Continuará...)