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Thu, May

El Callejón del Caballero

Istmo
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Juchitán de Zaragoza, Oaxaca.- Se bamboleaban los copos de mezquite y de la ceiba impelida por el viento invernal, bajo un raro cielo salpicada de ralas margaritas, cuando alguien advirtió a lo lejos, que se venían aproximando un típico caballero montado en exótico y arrogante corcel, que, conforme se acercaba, causaba asombro por su fino acabado escultural, suceso que llamó la atención de los paseantes en las horas avanzadas de esa noche, que era la de un 5 de mayo.


A la luz argentada de la luna se notaba la gallardía de aquel misterioso personaje y se oía el tintineo de sus plateadas espuelas. Algunos curiosos, por valientes, lo siguieron para investigar su derrotero, pero se perdía siempre entre las densas sombras del tupido ramaje de las riberas del río.
Considerándose burlados, propalaron ésto entre sus amigos como un raro y fantástico suceso del año de 1906.
Una noche, con intrepidez juchiteca, la ronda oficial nocturna se decidió a dar alcance al desconocido, cuando bajaba al río, en el paso llamado pásu maní (paso del caballo) donde desemboca la Avenida Hidalgo. En el mismo lugar entronca un callejón que viene del sur. El brioso animal al darse cuenta que se le tendía una celada, movió con desconfianza sus bien formadas orejas por la derecha y por la izquierda, coleó insosegablemente con mucha ligereza y con el zarandeo de la brida que dio hábilmente con la siniestra el singular cabalgador, de un rápido brinco, entró al callejón para hacer una falsa salida y se perdió desvanecido en la sombra del mezquite. Una vez más, quedaron burlados los perseguidores.
Este suceso me lo confirmó el viejecito José Inés de Luna miembro de aquella ronda nocturna.
Desde esa anécdota nació el nombre que hoy lleva ese callejón y por eso se llama “El Callejón del Caballero”.

*tomado del libro “Tradiciones y Leyendas del Istmo de Tehuantepec”, de Gilberto Orozco, 1946- Edición “Revista Musical Mexicana. Página 163