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Thu, May

Dionisio Hernández Ramos*

Istmo
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Nació en Zanatepec, Oaxaca publicó en diversas revistas y suplementos culturales tanto en el país como en extranjero. Poeta y narrador, como lo primero publicó los siguientes libros: “Las Variantes de mi Voz, (1972), Diario de un Inventor (1981), Fuego de un Mismo Árbol (1985), Poema de un Cuarto Solitario (1986).

Fue antologado en México y otros países Kingfisher Berckeley, California U.S.A. (1987). Antología Literaria de Oaxaca (1993). Plural Espejo (plaquette) Oaxaca, Oaxaca (1995). Invitation au Voyage (Recontres avee des Indigénes zapatistas) Paris Francia (1999).
Como narrador publico los libros de leyendas zoques de Zanatepec y escritos en verso libre; “El Sueño de la Batanda” (1995) y el “Niño que Come Luna” (1999).

Como Oración Breve
Dionisio Hernández Ramos

Como jaculatoria asomó la nota
Como breve niebla envuelta en el silencio
Dolorosa música al saberme muerto
calladamente muerto
en mis cincuenta años

Caminar para llegar a ellos
buscando la puerta
tan lejana por siglos
y todavía asido férreamente
a la enclenque mano de la muerte

Buscar la entrada o la salida
--no importa a esta edad
si se entra o se sale
lo importante es pisar el umbral—
a los cincuenta ya cansa ya pesa

Ya no tiene la gracia
de la costumbre familiar
de morirnos al revés
de morir los niños primero
luego los jóvenes
y por último los demás

Porque a los cincuenta
sin todavía divisar la puerta
es pensar que se tiene que caminar
mucho tiempo
para morirnos no de enfermedad
de simple aburrido aburrimiento

Si ayudara una breve oración
a morir con la boca llena de palabras
como murió Georgina – antes que yo naciera –
con toda su boca llena de queso y sonrisa
pensando quizá que dormía con la teta
de nuestra madre en los labios rezaría

Pero a esta edad ya no tiene chiste
rezar – imagino – porque ya no voy a morir
al revés ya no voy a morir
como era la costumbre de la familia
aunque yo también tuve una primera muerte
antes de nacer recuerdo ahora.

No se de que morí en la primera muerte
pero fue una muerte lenta
sin palabras que rezaran a mi memoria
no tuve tiempo para morir pensando
fue solo eso morir de lleno sin preguntar
que tren que autobús o que medio
me traería para llegar a los cincuenta
Como morí regresé anudándome el ombligo

Amor que Silencio
Dionisio Hernández Ramos
¡Amor que silencio
qué sombras¡ ¿Dónde estás?
Todo tienta es apenas balbuceo
Nada tienen estos dedos
nada dice el silencio
Amor ¿Dónde estás?
Estas manos aran
Tu forma aran la nada

*Tomado de la solapa del libro: “Soledad en Sitio”. Edición de GIFRI 2000.