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Thu, May

Natalia Toledo iluminó el Zócalo con flechas verbales

Istmo
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“Cada voz me devuelve un Dorso del cangrejo diferente”, expresó la poeta juchiteca Natalia Toledo después de escuchar a Eduardo Vázquez Martín, secretario de Cultura capitalino, quien participó en la presentación de su libro más reciente Deche bitoope: el dorso del cangrejo (Editorial Almadía), poemario bilingüe zapoteco/español que se dio a conocer el miércoles 31 en la tercera Fiesta de las Culturas, Pueblos y Barrios Originarios de la Ciudad de México, que se efectúa en el Zócalo.

El público que acudió al foro Centzontle se deleitó con la lectura de poemas en sus dos patrias, como expresó Vázquez Martín al parafrasear a Octavio Paz, quien decía que la patria de un escritor es su lengua. El también poeta anotó que los poemas de Natalia no son una traducción la una de la otra, sino dos obras en sí.

Vázquez Martín dijo descubrir en el universo poético de Natalia una orfandad del mundo de la infancia, un desgarramiento del amor, así como una reflexión muy profunda sobre la identidad. Sin embargo, no se trata de una afirmación de tipo pedagógico, ni de su universo folclórico, sino en la medida que la poesía se plantea preguntas, son interrogativas sobre la naturaleza de la vida, del amor, del dolor, de la madre, del padre y sobre qué significa ser zapoteca.

Natalia, continuó el funcionario, habla de cómo los zapotecos tienen las raíces en las nubes, sin embargo, éstas son muy fieles al viento. Sus metáforas no se anclan en el lugar común, “ni buscan una –repito– afirmación etnológica o antropológica, sino lo que siempre busca la poesía: una forma de conocer y explicarse el mundo a ella misma”.

Toledo leyó versos de Deche bitoope: el dorso del cangrejo, poemario en zapoteco y españolFoto José Antonio López
Para Vázquez Martín los poemas de Natalia requieren de más de una lectura: Trabaja verso a verso, no es una narrativa poética, sino cada verso es una flecha verbal que ilumina, que descubre, que abre figuras imaginarias y también simbólicas. Hay un ejercicio de profunda madurez del habla poética de Natalia. Esa madurez que tiene que ver también con la nostalgia de la infancia como único paraíso perdido, no uno artificial, ni menos uno que enraizado en mitologías de un pasado necesariamente más luminoso, sino la construcción realmente de una visión paradójica y siempre no completa.

El cantante Feliciano Carrasco, director del Centro Cultural Macario Matus, dio lectura a un texto del escritor Víctor Cata, quien no asistió debido a un problema familiar. “Con su Dorso del cangrejo, Natalia desata la palabra, abre las puertas del corazón, ahuyenta la noche que hay en el alma, quiebra las sombras que viven en los ojos para que desde la cabeza hasta la nalga, y desde la cara hasta la espalda, miramos la poesía de la gente nube”.

Según el escritor e historiador juchiteco, Natalia no elude sus tradiciones, no puede, las ama y las odia. Es un péndulo que va de la fascinación al desencanto. ¡Cuántas veces metió su cabeza en el canasto, se volvió olvido y huyó de una tradición que la postra en el catre y la llena de flores rojas!

Al final, Carrasco, acompañado de su guitarra, interpretó un trío de canciones en zapoteco: El alcaraván, Regresa al pueblo y El feo.

No faltó el mezcal.

Con Información de La Jornada