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Sat, Feb

Curación zapoteca

Istmo
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Para cada enfermedad hay especialistas, curanderos, curanderas y matronas entre las cuales algunos, aún muy famosos para las enfermedades de las criaturas como la llamada “ojo”, que resulta según ellos, cuando la criatura no ha sido acariciada por el extraño que de ella se enamorara. Entonces se pone triste el niño y entra en un estado semejante al de una crisálida, porque se encierra en un periodo de desgano y sopor.

La curan con livianos masajes de manos; luego con un huevo de gallina refrescado en agua y al terminar la operación quiebran el huevo en la misma agua y cubren a la enfermita con hojas frescas de tamarindo remojadas en anisado, la arropan con unas sábanas durante una hora y con esto sana regularmente en una, dos o, cuando más tres curaciones.

El “mal de ojo”, ojos que en ocasiones enferman por haber sufrido una vergüenza, palabra que en zapoteco se dice stui y enfermedad que se llama también guchatchi (iguana), lo curan con sortilegios o embrujos en este forma: en un plato con agua fresca de epazote ponen en cruz dos pedazos de carrizo partidos, dos cuchillos limpios y un chile picante, verde y grande, sin destripar. Alternativamente colocan sobre el ojo enfermo los cuchillos y carrizos, simulando de cuando en cuando movimientos de corte, como si estuvieran cortando algo que hay en el ojo y por eso mismo la operación se llama guendaruchugu (cortar).

Es curiosa la curación de la “perrilla” que también se hace con sortilegios, pero el caso es que se logra curar. Momentos antes de levantarse de la cama y sin enjuagarse aún, el paciente se da un masaje en el ojo afectado con su propia saliva, pasando el brazo operador por detrás de la cabeza; es decir, si la perrilla afecta el ojo derecho, se trabaja con la mano izquierda y se hace viceversa si el ojo afectado es el izquierdo. Con tres curaciones mañaneras, adiós perrilla.

Mal de ojo

El procedimiento más usual es el siguiente: a cuatro metros de distancia del ojo del enfermo, el curandero se para delante, apedreando al, perro, mientras el paciente se protege la cara, poniendo sobre la perrilla una pichancha de jícara de morro, que es una especie de coladera y es cuestión de tirar con tino, metiendo las piedrecillas dentro de la pichancha de morro y haciendo blanco. La curación se repite de mañana y tarde y con tres días está muerto el perro a fuerza de pedradas. La curación no falla.

Para curar el paludismo empiezan por quitar el amargor de la boca con un poderoso vomito estomacal de té de manzanilla con sal. Al aparecer síntomas febriles se toman una buena taza de té de palo de mulato (en zapoteco yaalguittu). Este es un árbol de corteza áspera, gruesa y jugosa, rica en sustancia amarga, tal vez quina. Cuando esta medicina falla, entonces toman té de copachil, que también es una substancia amarga que debe de contener quina.

El paludismo inflama el hígado (en zapoteco viáaxhi) y esta inflamación se cura con plasmas tibias de hojas de nopal, limpias d espina y chamuscadas. Estas e ponen en el lugar afectado. Para el mismo fin usan el parche de cerato. Los dolores de cabeza propios de paludismo se alivian con remojos calientes de pies, ingiriéndose, enseguida, una taza de té de hojas de naranjo y arropándose para sudar. Al convalecer le dan baños tibios, pero en el agua cuecen en abundancia tiernas hojas de madrecacao, guieehniza.

También curan el espanto, que es la impresión aguada que queda después de algún susto. Se confunde con la tuberculosis en cuya curación sí fracasan. Pero, sí se trata de espanto, el afectado de él se siente calenturiento, entristecido y sin ganas de comer. La curación es admirable, porque le refieren al enfermo, con precisión, cómo aconteció el espanto que produjo la enfermedad y éste se da cuenta de que lo que se dice es cierto y queda satisfecho, contribuyendo esto a su restablecimiento. El curandero, al tomarle el pulso, encuentra liego, por medio del tacto, la verdad de lo sucedido con tal clarividencia, que pare que tuviera la clave más complicada que el tiritanga del telégrafo. Con este procedimiento nunca fracasa la curación.

En cuanto a partos en la actualidad, las matronas están ya muy adelantadas. Usan alcohol como antiséptico y cáustico del cordón umbilical bien vendado, del recién nacido: limón para los ojos del niño y permanganato para la madre, si la matrona no dispone de alcohol, cortan el cordón umbilical, con tijeras que queman con una vela encendida y zahumándolo.

•Fragmento tomado del libro: Tradiciones y Leyendas del Istmo de Tehuantepec/Autor: Gilberto Orozco/Revista Musical Mexicana 1946