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Fri, Jun

Charla improvisada con naa Hilaria Sosa

Istmo
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Introducción: En 1993, ante la urgente necesidad de procrear al segundo de nuestros hijos, que, por circunstancias especiales, mi esposa Lina López Morales no había podido concebir después de siete años de nacida Coyolicaltzin, nuestra hija, la fama de doña Hilaria Sosa tocó nuestros oídos: Que ella poseía el don de los secretos de la medicina tradicional de los zapotecas tehuanos. Que ya se contaban por cientos las parejas que le debían la felicidad, por la fecundación que su té y la destreza con que sus manos habían hecho, al tallar y sobar caderas, cintura, abdomen y vientres de sus pacientes, a las que les devolvió su fertilidad.

 

Y en esa espera del turno o del trabajo que realizaba, comentaba maravillosamente en español y zapoteco, con gran emoción, el pasado de su pueblo, de lo que el tiempo se llevó, de la forma de vida cotidiana y festiva del Tehuantepec que vivió en su niñez, su juventud y madurez.

Y no importaba sí el interlocutor sabía o no zapoteco -cuando hablaba palabras o frases enteras-, porque tan luego como terminaba lo traducía hermosamente.

De cómo la educación y respeto de su época. De los personajes que ella conoció, como a Diego Rivera, Miguel Covarrubias, Roberto Montenegro, Rufino Tamayo y muchos americanos que llegaron a Tehuantepec cuando ella ayudaba a su mamá con la venta de trastos de barro, ligando sus recuerdos al de Bibiana, su amiga inseparable en el mercado.

Y es que el mercado, el río y la estación del ferrocarril, fueron los atractivos de viajeros y turistas que llegaban a Tehuantepec.

De algunos momentos de su vida, pude pillarle una tarde esta charla que grabé clandestinamente para no turbarla y cohibirla, y del cual, con su consentimiento ahora, quiero compartirla con usted, amable lector.

MARIO MECOTT

La charla:

H. S.- Mi mamá fue partera, yo la ayudaba mucho. Ella lo hacía todo, yo con ella comenzamos a trabajar. Ahora ni un hijo, ni una hija pone de su parte para aprender lo que su mamá sabe o de lo que supo o de lo que hizo. Ahora como dice una muchacha: ¡como ya se abrió la civilización! ¡No se abrió la civilización -le dije- se abrió la perdición!, porque ahorita todo está pelado...

M. M. F. Amable Márquez nos cuenta que antes las tehuanas llevaban a Matías Romero muchos huipiles para vender, eran las únicas quienes vendían por allá. Y ahora –dice-, son las “quix” (mujeres de bajo mixe) las que han invadido los mercados de Juchitán y Tehuantepec y de todo el Istmo.

H. S.- ¡Y barato! Nachepa, nachande bidani cabe laa, de guirá clase (ciega, mal elaborado sus huipiles, de toda clase), que bordado, que, de máquina, traen en cantidad y barato. Ahora cuando el enredo, yo tenía un tío que lo hacía ¡cosas preciosas que hizo ese hombre!, unos enredos de caracol. Traían el caracol del mar y aquí lo pintaban. Lo ponen con todo el mecate, ese hilo que se compraba por tercio. Lo está desbaratando, lo está desbaratando, hasta que lo desenredaba bien. Ya lo desenredo bien, entonces ya se amarra, ya aquel está hirviendo –el caracol-. Dicen está pegado en las piedras del mar, en la Ventosa. ¡Apestaba ese caracol!...

El enredo de caracol lo hacían allí, donde tiene su casa en la carretera. Hacía bastante, tenía sus operarios. Tenía cuatro de ese de bailar, están con el peine, guirá lado (por todos lados) por aquí, por aquí ¡qué bonito! Creíamos que todo el tiempo iba a seguir igual. No tengo ni un recuerdo, ¿vas a creer que todo lo perdí? Quiero decir que todo se acaba. Y ¡que íbamos a pensar que esas cosas iban a llegar hasta ese extremo! Ahora que estamos viendo ¡lo veo y no lo creo!

hilaria sosaYo le digo a ella (Lina López Morales) que trabajé. Quiero decir que trabaje, porque anduve con ellos, con don Miguel Covarrubias y su esposa...

M. M. F.- ¡Conoció usted a Don Miguel Covarrubias?

H. S.- ¡Ah! ¡Mi amigote!, creo que los conocí en l937, me parece que, en el 37, en el mercado. Allí estábamos en el mercado, allí llegaron solos, porque Bibiana, mi amiga, vendía refrescos y llegaron por tomar jugo de naranja.

Allí llegó Don Miguel Covarrubias y Rosita, ya nos hicimos en amistad de amigos Rosita era su esposa.

Rufino Tamayo y Olga Tamayo se casaron en Oaxaca, porque parece que están juntados nada más, casi, casi vivieron en Oaxaca, allí murió Rufino, en Oaxaca se enterró Rufino Tamayo, parece que hace un año o dos años ahora. Ahora con Rufino...

M. M. F.- ¿También lo conoció Usted?

H. S.-Ájale, ¡mi amigote! Rufino Tamayo, Roberto Montenegro. Diego Rivera. Cuando vendíamos en el mercado conocimos a americanos.

M. M. F.- ¿Y usted que vendía allí?

H. S.- Pues traste que mi mamá compraba. Allí vendía yo traste. Antes, como la gente era pobre, puro traste de barro usó uno. Ollotas así grandes para hacer café, olla grande así con asa para poner frijol, comal, bidxandxa, cántaro, rii cua’chi, batidor, todo vendíamos. ¡un montón!

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M.M. F.- ¿A quién conoció usted primero?

H. S.- A Miguel Covarrubias...

M. M. F.- El hizo un libro

H. S.- ¡Y allí vengo yo ¡

M. M. F.- ¿Sí? Allí viene una tal Hilaria Sosa...

H. S.- Pues esa soy yo

M. M. F.- ¡Ah! ¿Es usted Hilaria Sosa?

H. S.- ¡Ajá!

M. M. F.- Pero gorda estaba Usted...

H. S.- Ah, estaba yo joven.

M. M. F.- Entonces usted es Hilaria Sosa.

M. M. F.- Sí, allí viene su fotografía, ¿la de su mamá no viene?

H. S.- No, la de mi mamá no viene. Rufino Tamayo también me dibujó. Con Rufino Tamayo fuimos a andar con él a la Ventosa. Donde quiera fuimos a andar con él y don Miguel Covarrubias.

M. M. F.- ¿Cuándo llegaban a Tehuantepec, en donde se hospedaban?

H. S.- En el hotel “Perla”, donde ahora está el “Monte de Piedad”, allí donde estaba una señora que se llama Doña Rosa y su hijo que se llamó Rodolfo. Mucho cuarto tenía, como era grande la casa, allí llegaban ellos, allí llegó don Miguel y allí llegó Rufino y, entonces esta casa la teníamos de carrizo, toda la pared era de carrizo y allí (el patio) era de tierra y estaban los horcones parados en la enramada y estaban colgados todas las hamacas. Les gustaba venir aquí a dormir porque era fresco y como era de carrizo, entraba mucho fresco.

M. M. F.- ¿Don Miguel llegó varias veces?

H. S.- ¡Ujule!, varias veces “m´ijo”, varias veces.

M. M. F.- ¿Y quién le dio toda la información que puso en su libro?

H. S.- Ah, tanto como le di yo, como una teca. Yo di mucha información sobre la costura que tiene sobre su libro, vienen unas costureras, bueno yo le enseñe todas esas cosas, y otro poco le enseño una teca de Juchitán.

M. M. F.- Y esa teca cómo se llamó?

H. S.- Me parece que se llamó ¿cómo veras que se llamó esa teca? Me parece que se llamó... Carmen, creo, parece. Pero una teca muy bonita también. Bonita como esa gente de por ahí de esas gentes bonitas.

M. M. F.- Y con quién otra persona se juntaba don Miguel cuando llegaba a Tehuantepec?

H. S.- Con todas. Con Guillermina Romaní, con la hermana de Guillermina... ¡Ah!... era muy amiguero, que le gustaba andar con todas las personas de aquí para sacar todos los detalles de Tehuantepec. Pero todavía don Miguel Covarrubias cuando él vino ya era pintor –porque ya pintaba-. Rufino Tamayo no. Rufino Tamayo empezó aquí en Tehuantepec.

M. M. F.- Y cómo conoció usted a Don Rufino.

H. S.- Allí mismo, en la plaza, y nos hicimos amigotes, amigotes, amigotes de Rufino Tamayo. Te digo que fuimos a la Ventosa con señora Consuelo, que le decían “Chelo Chingau” y otras tres señoras más, el finado Dr. Génico, Alfredo Villalobos Rodas, el Dr. Salud, fueron como diez médicos a darle la fiesta a un Médico que se llamaba Raúl Fornier, parece que es un especialista que le enseñaba a todos ellos, era maestro de ellos, fue también el Dr. Reynel (Márquez Ramos) también a esa fiesta. Le hicieron una fiesta al Doctor, y allí venia Rufino Tamayo que me vinieron a traer, porque el Doctor era padrino de ellos de boda cuando él se casó. Conocí a Olga Tamayo, tengo su retrato de Olga, de Rosita Covarrubias, también.

Rosa RolandoM. M. F.- ¿Cómo se llamó la esposa de don Miguel Covarrubias?
H. S.- Rosita.

M. M. F.- Tuvieron hijos?

H. S.- Ninguno, nunca tuvieron hijos. Rufino Tamayo tampoco tuvo hijos. Y yo les decía ¿por qué? Porque estorban. Nosotros como andamos caminando, caminando, no queremos que nos atrasen. Pero cuando llegue el día que ustedes los necesiten –les dije-, no va a ver quién los vea. ¡Nos vamos a un gran hospital, a un buen hospital! Pero te digo que este Rufino aquí, aquí empezó a pintar el puente, el cerro, todo ese cerro. “El cerro del Tigre”, cerro Buena Vista”, todo ese cerro. Nos fuimos allá, todo por ahí a andar, a Juchitán. Nos invitaba, ahí íbamos con ellos en el carro. Iba a pintar y me decía Olga: “el día que suba Rufino, también nosotros vamos a subir, va a cambiar nuestras vidas”. Por qué te digo que era de carrizo (su casa) Rosita Covarrubias me puso la luz porque yo costuraba con linterna, entonces costuraba yo mucho y de noche y de día estoy costurando mucha ropa de máquina, de costura, tenía bastante... luego que vinieron ellos y me vio, dice – “vas a perder la vista, está bien mañana nos vamos a ir a allá a arreglar eso”. Arregló mi papel, fue a hacer mi contrato, pero ni demoró, a los ocho días tenía la luz- gracias a Rosita Covarrubias.

M. M. F.- Como la pasaba con Olga.

H. S.- Íbamos a la labor a distraernos, ella en la hamaca, le gustaba mucho las hamacas. Aquí (en su casa) venían a dormir acá, le gustaba –te digo, porque era de carrizo y aquí todo mojado, bien rico, bueno “su mero mole” de ellos de dormir acá, se acostaban en el catre, dormían en el catre.

M. M. F.- Y cómo conoció Usted a Diego Rivera?

H. S.- Porque le digo a ella (mi esposa) porque quería filmar una película de la Sandunga, Diego Rivera, Roberto Montenegro y muchos artistas más; Erasto, muchos artistas, puros americanos, muchos aparatos, trajeron muchas cosas para retratarnos, y ahí en la labor de señor Moisés “rushi”, frente de la estación, allí nos fuimos para filmar la película, pero no salió bien, parece que no salió bien la película porque Lupe Vélez después filmó una película. No, no era así, ni es así tampoco yo lo alcance a ver: que llevaban a la novia en la carreta para bañar al río née. Nosotros lo filmamos, pero en otra forma, pero no salió quién sabe porque, no dio, no salió, pero Rufino no salió ahí. Don Miguel, nada más Diego, Roberto Montenegro...

M. M. F.- Y Diego Rivera donde pintaba?

19047528 10212907721987816 203343211 n 1H. S.- Pintaba también acá en Tehuantepec, le gustaba pintar el puente, los cerros toda la gente de Tehuantepec, Diego Rivera, Roberto Montenegro también pintaba y también así cuando iba a Jalapa del Marqués, iba también a ver el cerro de Tequisistlán todo por ahí a pintar, pintaban, pintaban. Y Rufino Tamayo –te digo que aquí empezó a pintar el puente, el río, el cerro, Guiengola. Fuimos a Guiengola.

M. M. F.- Lo acompaño Usted a Guiengola?

H. S.- Donde quiera iba yo con ellos, mi mamá me daba permiso, venían a pedir permiso “le da Usted permiso la vamos a llevar”. Me llevaban. “Bueno dice mi mamá”. –como venían a pedir permiso. Donde quiera íbamos.

M. M. F.- ¿Qué edad tenia Usted cuando conoció a Miguel Covarrubias?

H. S.- Tenía l7 años

M. M. F.- Y ¿cuándo conoció a Rufino?

H. S.- Igual, porque la misma temporada vinieron. Estando don Miguel acá, vino Rufino Tamayo. No hace mucho, hace como cinco años no dejaba de venir una americana que se llama María. Cada vez que venía abríamos la puerta, toca y luego me decía: “Helaria”. Buenos días María. Que bien, que milagro. Vine a verla, ¿qué tienes tiempo? –me decía ella. ¿Porque, María? Porque quiero platicar contigo.

Entonces costuraba mucho. Y me decía: tu boca dictando y tu pie costurando. No dejes de mover los pies, sigue costurando y tu boca está dictando. Vas dictarme. Le acercaba un butaque y ya estoy sentada costurando y ella preguntando. No dejes de costurar, pero tu boca dictando y tu pie costurando no pierdas el tiempo. El tiempo es oro –me decía ella. ¡Ay María! -hay veces le decía yo-, ¿qué vas a comer con nosotras? Porque ¡ay nanna! me da miedo que te vayas a enfermar. ¡Cómo Helaría! ¿por qué? ¿por qué razón? Si como no, me da miedo. ¿Qué tienes comida para tres? –me decía. Como nosotras dos (su mamá y ella) y ella, tres. ¿Qué tienes comida para tres?, ¿te alcanza para tres?

Híjole tuvimos muchas amigas americanas, en la plaza fuimos muy amigueras Bibiana y yo. Bibiana, hija de señora Josefina Cortés, hermana del finado Héctor Sánchez, su hermana de Carlos Sánchez Cortés. En el mercado nos hacíamos de amigas, ya después venían a la casa, ni porque era de carrizo, más les gustaba, feliz, feliz estaban ¡Mjum! Te digo cuando llegaban los americanos nos paraban en la pileta, unos pesos nos van a dar. Aquel peso comprábamos seis centavos de carne, tres de tortillas ¿cuánto nos quedaba? ¡un montón de centavos quedaba! Pero peso, peso. Que valía, no como toda esa porquería que hay ahora; y ahora que está saliendo toda esa moda.

Diego Rivera Miguel Covarrubias Alfa Rios y Frida

M. M. F.- ¿Y nadie de ellas, se vistió de Tehuana?

H. S.- Como no. Olga (Tamayo) le encantaba mis huipiles, se ponía mi rabona, se ponía mi huipil, las trenzas postizas; porque le gustaba mi trenza. Ya las trenzaba, las peinaba ¡ah! Pero feliz. Fuimos a la Ventosa, nos fuimos a las Salinas (del Marques, a donde quiera íbamos a pasear. Mjum. ¡Su “mole” de ellas vestirse de Tehuana! Ahí Voy, ¡ay nanna! Rufino está levantando su enagua para que se vea su refajo, pero locas ya íbamos las tres ¡de rabona! Porque yo pura rabona uso, pues les encantaba la rabona.

M. M. F.- ¿Y a la esposa de Diego Rivera, la conoció usted?

H. S.- La esposa de Diego Rivera no, no trajo a su esposa, nada más ellas vinieron, ni Roberto Montenegro ni los demás: Erasto, Ernesto, Felipe y todos los americanos eran como treinta americanos, muchos americanos, de estos trajeron un cuadro así grandote que está forrado de plástico, papel esmalte y unos aparatos; para tomar películas, porque te digo que no salió bien.

M. M. F.- Así que a ustedes las pintaron a Bibiana y a usted?

H. S.-Sí, nos pintaron pues, nos dibujaron. La última vez que vi a Rufino no me acuerdo, pero como tonta uno, no se acuerda uno de las cosas, fue... Ese año cuando vino con el doctor, todavía estaba aquella canción que dice; medio me acuerdo “Eres como una espinita que se me ha metido en el corazón” pero le digo a mi hermano, toda esa canción la sabía yo antes, ahora ni nada sé. ¿Pero bonito verdad?, “eres como una espinita... Verdad. Estábamos bailando allá en la Ventosa, ella vestida de Tehuana –Olga y yo y señora Chelo. Ah que chistoso que vamos a estar aquí, ahora voy a casar a Rufino con Hilaria. Que se casaron, ahora tú te vas a vestir de apache, dice con los muchachos que fueron y que le ponen la ropa.

“puerta gabiá ne biré gamisha que’ (de donde diablos salió aquella camisa) camisa blanca larga que le ponen al hombro y que le dan una chingada camisa blanca con un palo. Que lo enreda en su pescuezo de Rufino y ahora los novios ya se casaron, ahora el mediu shiga todos están dando la vuelta, está sentada Olga, están echando aquí, está echando aquí tocando medio shiga y Olga muriéndose de risa, muriéndose de risa Olga. Ya los estoy casando y ahora su esposa de Rufino es Hilaria porque ahora tú ya no eres nada. Está bien, está bien dice Olga.

M. M. F.- ¿Olga vive toda vía?

H. S.- Olga vive, me dieron “mero” la dirección donde dicen vive en Oaxaca. Dice una amiga si quieres ir a verla, allá –como decía el finado que en paz descanse, y lo dijo María Luisa Zea. María Luisa se llamó también la primera mujer que se casó con Pedro Infante. No las que tuvo después, porque se enamoró primero de una tal María Luisa Zea. Porque Pedro Infante su papá era músico y él tocaba esa chingadera. Como a horita que –dispensando-, ya estoy grande, vieja pues digo yo ahora cualquier cosa ya estoy apuntando, aunque sea garabato, mi letra que no tiene ortografía, pero yo apunto, le digo al padre usted sabe si se va a reír, pero yo ya lo hice, risa que le da. Al padre José Inés –le da risa.

M. M. F.- Y a usted le dejaron fotografías ellas?

FOTO 1H. S.- Pues nada más las fotografías que tengo es de Olga, lo que me dejó y de Doña Rosa Covarrubias tengo de las dos: Olga trae como en forma de una cachucha y ella trae como un sombrero Rosita, Rosita era un poquito delgada y Olga un poquito gruesa, pero me dijeron que cuando murió Don Miguel Covarrubias ya no vivía con Rosita, ya vivía con otra mujer. Me lo dijo una americana que se llama Edna, esa Edna se fue a Bolivia estuvo aquí también con nosotros, la conocimos y me la trajo la mamá de la señora Doña Petra que está en la “Universal”, la dueña de la botica “Universal”, su mamá me trajo a la señorita Edna que también es maestra, también da clase en Estados Unidos, allá vive, tiene casa en Estados Unidos y en México.

M. M. F.- Que bien que usted, le dio información a tanta gente.

H. S.- Ah, sí digo ya, dispensando lo grosera, le digo yo por eso ahora me da coraje de ver a la gente imbécil, inútil e inservible, me choca, porque digo yo, porque cuando yo fui joven, no había dato que me faltara, tras, tras, tras, todo era rápido, todo era bonito.

Mi casa era de carrizo, allá (bajo de la tejavana) teníamos una casa de adobe, no quería mi mamá que se arreglara, no decía ¿para qué? Bueno le dije, cómo que ¿para qué?, ¿para quién? ¡Mamacita porque se va a ocupar!, algún día se va a necesitar. Y allí empecé a comprar organdí para hacer holán y vender.

M. M. F.- Y a usted Miguel Covarrubias nunca le mandó su libro?

H. S.- No, porque como él andaba viajando siempre. Que no unas americanas, cuando vinieron aquí, unas americanas vinieron a esa casa (frente a la suya) acá. Después vinieron a poner la higiene a la gente de Tehuantepec, -dice aquella sonsa-. Cómo está eso que van a poner –le dije yo a mi hija-. La gente misma debe comprender que debe tener higiene, porque hijo de la chingada no va comprender que lo bonito es bonito y lo feo es lo feo.

M. M. F.- Si allí estaba usted gorda, yo la vi y dije ¿quién será? Yo creí que era gente de Guichivere de la familia Sosa.

H. S.- Mi familia es María del Carmen Sosa, Romelia Sosa, mi tía Carmen Sosa, todas esas Sosas de Guichivere, todas son mi familia de aquí otras, en Lieza tengo también a mi familia, mi prima hermana Zobeida Sosa.

M. M. F.- Y todos los que llegaban nunca no se interesaban por el zapoteco.

H. S.- Como no, les gustaba el zapoteco, Miguel le gustó mucho, lo mismo que Rufino, mucho le gustó el zapoteco, pero como ellos solo venían por temporada, se iban por aquí, se iban por allá, no demoraban, a veces se quedaban dos, tres o cuatro días.

M. M. F.- Y no llegaron ellas en especial a la fiesta de algún barrio?

H. S.- No, no alcanzaron la de agosto, no, parece que vinieron por enero, por febrero, marzo por allí, pero en ninguno de las fiestas vinieron.... De Laborío, de Santa María me parece que sí, el de Laborío lo vio Miguel, Don Miguel Covarrubias, lo alcanzó a ver: donde venían los Xuàanas, cuando iban con sus velas.

M. M. F.- Creía que Don Miguel Ríos le había dado los datos.

H. S.- No. La mayoría se lo dimos yo, doña Rosa del hotel Perla y nosotras Bibiana y yo. Con una señora que también me hizo mi amiga que era de Bolivia y vivía allí por donde esta Gurrión, que tiene su tienda por allí arriba, que era el dueño de la Chevrolet, ellos vinieron de por allá, eran dueños de la Chevrolet, él lo vendió con no sé quién, entonces su esposa también me hice amiga de ella y también iba yo a su casa me mandaba a traer a veces por cualquier cosa, como le digo que yo nunca, a mí me gustaba ser con la gente, tener entrada, que me aprecien, que me quieran a mí no me gusta que me tengan de pendeja nada más, no. Activa, activa, órale, cabrona, para que entre con garantía, para que yo entre con gusto, que me halaguen, que me aprecien, pero que me desprecien no...