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Sat, Nov

Estación Sarabia

Istmo
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Lo que en tu niñez viste, oíste; no lo olvidarás nunca, pasarán los años y las imágenes, los sonidos ahí quedan para siempre. El olor de la comida, de la flor al amanecer; el olor de aquel amor- aunque esto no ocurra en la infancia-. Sólo que tampoco se olvida, de ahí lo atinado de la pieza musical de Álvaro Carrillo: Sabor a mí.


Es así que un mediodía ví y oí la algarabía del tren al llegar a La Estación de Sarabia, con rumbo a Coatzacoalcos. Mujeres y hombres bajaban y subían al tren del mediodía. En esta Estación en sentido contrario subían las frutas: plátano, piña, naranja, mandarina, yuca, frijol...Esto es al tren que iba a Salina Cruz; es decir en El Pasajero de la una de la tarde. En esta estación de Sarabia pasaba un tren a la media noche. Tal vez con destino a Chiapas.
El Tren es una máquina maravillosa e inolvidable, su desarrollo en México tiene que ver con la época dorada del progreso de México. Sus vías de acero era una imagen del gobierno de don Porfirio Díaz: Fuerte, firme y Seguro. Sobre todo un gobierno que dio Seguridad a la ciudadanía. No había robos, asaltos en las rutas de los trenes que comunicaban al país de frontera a frontera. Venía en cada tren un piquete de soldados para la seguridad de los pasajeros. Nadie y ninguno cerraba el paso al tren. No había bloqueos, el campesino istmeño trabajaba, produciendo sus tierras. No usaban fertilizantes, cosechaban desde el sagrado maíz hasta sandía, melón, calabaza, jitomate, camote, frijol. Y en época de sequía como diciembre levantaban su cosecha de ajonjolí. México era próspero, producía lo que comía. No había tanta fábrica, no se conocía el plástico; la contaminación del aire, del agua y del suelo tampoco. Se creía en la palabra, sólo bastaba la palabra como garantía de un compromiso. No había necesidad de firmar un documento. Si algún campesino pasaba por la parcela de otro; y veía el hacha o el machete puestos ahí. Los levantaba para que el dueño los viera, en señal de que ahí seguían. Qué honestidad! De hombres. Era esto el reflejo de la mano firme de don Porfirio que conducía al país, con su moneda firme. El Peso valía más que el dólar. No se conocía La devaluación y la "dichosa" inflación.
El tren pues, es una máquina maravillosa, viajar en tren era cómodo y lleno de paisajes que te recreaban los ojos. Ya se imaginan! La estación de Buena Vista de la CDMX, donde los pasajeros de todo el país confluían. Habiendo abordado el tren en La Estación de Reforma de Pineda, o en la estación de Ixtepec. El tren va pasando por pueblos y en casi todos hacía una parada. Así la estación de Mogoñé, Sarabia, Juanita, Palomares, Donají... Si gustas recordar un viaje en tren, escucha El Tren del Atardecer- magistral composición de don Luis Martínez Hinojosa-. Ese tren que se toma en Matías Romero para ir a Ixtepec, pasando por los poblados de : Lagunas, Almoloya, Chivela, Nisandáa y la Mata-" más vale un viaje corto que un amor sin voluntad". La canción la puedes oír en la magnífica voz de Natalia Cruz, como en la voz del inolvidable Hebert Rasgado.
Fue don Porfirio quien lleva el tren hasta Salina Cruz en 1905, donde Matías Romero se convierte en una importante estación de tren. Porque ahí se construyó el taller para reparar trenes; Que él inaugura con su comitiva a su paso, mientras se dirigía a Salina Cruz, procedente de La CDMX.
El tren que "corre al sur que sale de Coatzacoalcos con rumbo a Salina Cruz...El Garrotero: Gritó! Ixtepec cerca está.
Lástima! Que perdimos nuestro tren, era un magnífico medio de transporte para pasajeros y de carga. Cuánta! Contaminación nos ahorró el uso del tren y cuánta! Carga transportaba. Podías comprar tus muebles en Cuanajo Michoacán y traerlos a Juchitán; el cemento desde Lagunas a otras ciudades del país; así como reses, puercos, aves; como madera en grandes cantidades.
México al perder su tren, fue perdiendo firmeza y ganando contaminación por la entrada de vehículos automotores de Diesel, gasolina y gas. Y ahora todo por carretera, que por cierto en nuestra región siempre bloqueada. Cerrada al paso de vehículos que transportan frutas, animales vivos que se pudren y mueren por "los días de bloqueos". De ahí el retiro de las empresas, que el Istmo no sea una región segura para invertir. El cierre de empresas cierra fuentes que hubieran generado empleos. Empleos que tantos jóvenes buscan para hacerse de un ingreso.
Es hora ya! De pedirle al gobernador ponga sus ojos en esta situación en la que el Istmo vive. Está en sus manos poner orden, dar seguridad a sus habitantes y terminar con los bloqueos carreteros en el Istmo oaxaqueño. Esto! Urge, Señor. Enhorabuena!
Juan Antonio García
Juan