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Juchitecos no olvidan sus costumbres y tradiciones mortuorias

Istmo
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Juchitán de Zaragoza, Oaxaca.- Los vientos de octubre han iniciado, el frio acurruca la conciencia y reflexiona la existencia. Juchitán ya no es el mismo desde el 7 de septiembre. El paisaje ha cambiado diametralmente, aquella ciudad inundada de casas de tejas, callejones y avenidas que por estos días en otros años se preparaba para ofrendar a sus fieles difuntos lo mejor de sí. Hoy esa alegría apenas asoma en los labios de los habitantes de esta ciudad, que en un instante lo perdieron todo, menos la identidad y sus costumbres.


La fiesta de Xandu’ o Biguie’ que los antiguos zaes enseñaron a sus pueblos, no se ha perdido, se encuentra muy arraigado, aunque en estos días pareciera que se hubiese desprendido del espíritu zapoteca, que se resiste y aferra a su mundo fantástico de espíritus, nahuales, cantos y bailes que lo describen como la autentica creación de los dioses antiguos que poblaron esta tierras.
Esa magia fantástica resurge desde los escombros mismos de lo que el terremoto de 8.2 grados que devasto la ciudad en un abrir y cerrar los ojos ese fatídico 7 de septiembre, que se metió en la memoria y el recuerdo como un canto que jamás el corazón olvidara.
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Hoy los juchitecos a pesar del dolor de la destrucción y, muchos sin el esplendor de la fiesta de Xandu’ o Biguie’ comenzaron con los ritos, en espera de que sus muertos lleguen y convivan con ellos como siempre, de acuerdo a la tradición cultural de este pueblo mágico.
Carmen Orozco López de la primera sección, mujer juchiteca que durante toda su vida aprendió de esta costumbre y tradición, comenta con orgullo y un dejo de tristeza: “Nosotros ya comenzamos con los rezos, para recibir a mi madre, que este será su primer todo santo” – dice -, mientras, la sonrisa que siempre la acompaña, se apaga, dejando al descubierto el dolor de ver a su pueblo destruido.
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“Entre hermanos vamos hacer los nueve rezos que corresponde, y el día 30 pondremos la mesa de santo de mi madre, con sus flores esperándola, que este con nosotros, feliz”, suelta el comentario que se mescla con el copal que aun flota en el ambiente preparativo al Xandu’, mientras a lo lejos se escuchan las maquinas demoliendo las viviendas, dejando en escombro puro el resto de esas casas que en sus paredes tienen historias y leyendas.
Carmen Orozco López agacha un poco la cabeza, como en reverencia y con profundo respeto dice: “la vamos a recibir en este lugar, que funcionaba a veces como una cochera de mi hermano, toda la familia, la estaremos esperando, - subraya – y en sus ojos se observa su fortaleza, ese amor profundo y fuerte que las juchitecas reflejan ante los tiempos adversos.
“Nosotros, no olvidamos a los que se adelantaron, acá los recibiremos con lo que tenemos”, manifiesta Carmen mientras las letanías remueven su mundo y su fuerza para salir adelante de esta gran batalla de la reconstrucción de Juchitán en medio de sus costumbres y tradiciones, que lo identifica como un pueblo sabio, rebelde y con historia.

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