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Thu, Jul

HILARIA SOSA

Istmo
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Cuando conocí a Hilaria o Candelaria Sosa en el año 2003, era una anciana de Tehuantepec que frisaba ya los 90 años: el tiempo le quitó su larga cabellera negra, le encorvó la espalda y la llenó de arrugas. Pero no pudo empañar su memoria, sus recuerdos, sus alegrías y sus tristezas: la muerte muy temprana de su única hija.

Durante su juventud aprendió varios oficios: fue costurera, diseñadora de huipiles, asistente de partera, rezadora y comerciante: sentada en el mercado de Tehuantepec vendiendo cazuelas de Ixtaltepec, ollas de Ixtepec y artículos de palma de Juchitán la descubrió Miguel Covarrubias el autor del Sur de México. Miguel ‘el Chamaco de oro’, se dio cuenta que estaba ante una mujer inteligente, curiosa y carismática, por eso la abordó y la convirtió en su informante preferida. Hilaria Sosa le proporcionó información sobre algunas enfermedades típicas del Istmo, diseños de huipiles, los nombres de los utensilios de cocina y otras curiosidades. Gracias a Miguel la conocieron Diego Rivera, Rufino Tamayo, Olga y Roberto Montenegro.

En una ocasión, Miguel Covarrubias la fue a buscar al mercado de Tehuantepec. No la halló, le dijeron que estaba en Coatzacoalcos. Tomó el primer camión rumbo a ese puerto y la halló sentada en la plaza vendiendo sus lozas. Le dijo:

-Vámonos Hilaria, vámonos.
-¿Adónde Miguel?
-Vine por ti, vámonos a una fiesta a San Cristobal de las Casas.VictorCata Hilaria2

Hilaria siempre fue cuidadosa cuando viajaba, nunca se le olvidó meter entre sus mercancías una enagua de holán con brocados, un huipil bordado con flores rojas sobre una tela de muselina. Cuando me narró esta historia se estremecía: tomaron un helicóptero y en un abrir y cerrar de ojos ya estaban en la boda de la hija del gobernador de Chiapas.

De la prodigiosa memoria de na Hilaria Sosa arranqué esta pequeña paginita que nos habla sobre la educación de los niños zapotecos en la década de los años 20’s en Tehuantepec:

Ti dxi bise’nda’ ñaa naa chisie za, guya’: cadi nau biana lu neza la? caguite, caguite o xa nanna pa nuu za. Ora yendaya ra lidxe rabi ñaa naa:
-“Biuu nda’ni’ yoo bidó’ ne bisuxibi.
Laca xa riete di’dxa guidxa: ¡xi’ni’ gabia!, gasti’. Naa la? cadxibe xa, cayo’na’.
-“Dxisi”, ná ñaa: pa ñaca nidxibu nuzubalu di’dxa’, yanna la? chiguyaana lii chupa si guidi hui’ni’: ¡ándale! cabrona vaca, por tu querer andas flaca, ¡ándale!
Qué ñuu dxi ñabi ña ná ti di’dxa guidxa, qué ñuu dxi.
“Un día mi madre me mandó a comprar manteca y yo me entretuve en el camino para jugar: no me acordé de la manteca. Cuando llegué a la casa me dice mi madre:
-‘Entra en la casa de Dios y arrodíllate’.
No se pronunciaban maldiciones: ¡hijo de la chingada! nada. Yo, pues tenía miedo, estaba llorando.
-‘¡Silencio!’, me dice mi madre: si tuvieras miedo obedecieras, ahora tendré que alimentarte con estos dos cueritos: ¡ándale! cabrona vaca, por tu querer andas flaca, ¡ándale!

Mi madre jamás me dijo una grosería, una leperada, jamás.”