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Mon, Nov

Ma' Xaandú ndí- ya es Todos Santos ya

Istmo
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El mercado de México está inundado de flores naranjas, amarillas: de zempoaltxúchitl- guiee biguaa-, guiee yáanaa- flor de olote-, cresta de gallo bien aterciopelado con ese color vino; vemos a hombres y mujeres llevándolos en manojos en sus brazos despidiendo su olor único de Todos los Santos. Época de limas, de mandarinas; de dulces de calabaza, de tejocote.


No tarda de llegar el zapote negro, junto con el cacahuate la combinación perfecta. ¡Claro! Con mandarina comerlos. En nuestra comunidad juchiteca, istmeña, muchos Xaandu Yáa- primera ofrenda-, de los que murieron en el terremoto que vivimos el 7 de Septiembre pasado. Hay nostalgia que nos trae el ligero viento de Octubre. Añoranzas de nuestros difuntos que llevamos en el corazón; que nunca hemos olvidado, haya muerto hace 5 meses o hace muchos años.
Que fue el caso de mi tío Cecilio Sánchez de la Cruz, que murió el sábado 26 de Mayo de 1946 a la altura de lo que hoy es Pepe y Lolita de la carretera transísmica- que entonces la estaban construyendo. Era un terraplén aplanado sobre el cual descendió el avión militar que sus hélices lo guillotinaron. Su padre don Amado Sánchez Bartolo - mi abuelo-, fue a levantar su hijo. El entierro el domingo, Cheguigo, Juchitán se conmocionó con esa muerte. Así dio cuenta un periódico de México- parece que el Extra Noticias-.
Ya que en el mundo un caso así no había ocurrido en la historia de la aviación. Sólo que según el periódico que leí en la hemeroteca de la UNAM, el piloto pudiendo evitar el accidente y no lo hizo. Al contrario se le fue encima; alguien acompañaba a Cecilio esa mañana que le dijo: guuta Cecilio, guuta!- acuéstate Cecilio acuestáte- Lo obnubiló el aparato. El domingo según el mismo periódico fue muchísima gente a enterrarlo. Y en la casa todas las palomas que se criaban en canastos colgados en los murillos del corredor; como magia de mal agüero se fueron dejando los cestos vacíos. Y el cortamortaja había graznado en medio de la noche del viernes.
Él en esa última noche no quiso ir al baile acompañar a sus amigos entre ellos Luciano Xeéme - en ese tiempo a ese baile le llamaban velorio y al día siguiente se hacía las coronas de flores y se casaban el domingo-. Na María Reyes me dijo que fue a ese baile con sus amigas, por ahí por el callejón de los Rosales, en Cheguigo y el domingo fue al entierro del joven Cecilio. Cuento esto porque de niño crecí en una casa de luto, teniendo 8 a 10 años.
Llegado Todos Los Santos como ahora, mi abuela puntual llenaba de flores, de frutas la mesa de los santos de la sala. Y en las noches con una tijera guardaba la flama de las velas, y la tijera era para cortar el pabilo de las mismas, evitando así que se chorrearan. Y yo acompañando mi abuela doña Antonina de La Cruz a velar su ofrenda. Amigos: maa xaandú ndí- ya es Todos los Santos. Disfruten su día. ¡Suerte!