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Thu, Mar

Postales del Istmo

Istmo
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I
Rio de los perros

Nace entre cerros ásperos y lejanos. Apenas chorro cristalino en el alba del trópico, tuvo ansias infantiles de echar a correr por los campos de las serranías. Al partir, arrastró consigo peñascos y arbustos endebles, para entretenerse, jugando en el camino. Fue fotógrafo de paisajes, bienhechor y delincuente, al inundar las cementeras próvidas. En sus orillas los hombres se juntaron, edificando las primeras casas; pero en cambio, le pusieron un nombre feo: Rio de los Perros.

Después secaron sus aguas. Y hoy en Juchitán, se ve nomas la arenosa huella de su lecho. Sólo en épocas de lluvia hincha de espumas su caudal y se llana de turbulencias y de lodo. Pasa en medio de la población, curvándose a cada rato, y se pierde entre los rastrojos florecidos de maizales, hasta llegar al mar.

Pero se alegra de cuando en cuando, porque geógrafos y escolares lo recuerdan todavía, en forma de venida azul tendida sobre el mapa de Oaxaca, en el litoral del Pacífico.

2
Steru Guiéeh
Olvidada cinta de mar en territorio istmeño, entre Unión Hidalgo y Juchitán. Aguas verdes, por lo espesas y tranquilas. Una sola carreta, punteada de pitayas, lo divide en dos partes desiguales. Y la vía de ferrocarril Pan-Americano, que lo cruza, de un salto, por el puente. Más cuando sopla el viento del sur, vuelve a juntar sus aguas hondas, por debajo del puente y por encima del tramo empedrado de la carreta. Y adquiere, entonces ciertas resonancias de verdadero mar.

Y sí en transeúnte domina su impaciencia, puede ver en las tardes al pescador indígena -pescador con fortuna- sacar su red del estéreo, llena de sardinas de escamas relumbrantes, mientras en las orillas se desata un racimo de garzas de picos agiles y sonrosados. Y más allá, lagartos de piel cuadriculada y rocallosa, flotante perezosamente, como trozos de árboles, sobre la olvidada cinta de mar.

3
Xadani

Campamento zapoteca, perdido en la aridez de la costa del Pacífico, a un paso de dos lagunas marinas: superior e Inferior.

Dos o tres calles polvosas, tiradas de Norte a Sur. Casa de madera y barro, con techos de palmas entretejidas.

Xadani, pescador y campesino. Casi sobre su piel, por el Oeste, se arrastra una carretera, como víbora mansa. Junto a ella, un pequeño cerro levanta la cabeza deforme y enmarañada, para dar nombre al poblado y resguardarlo de las dolencias amarillas de la tarde.

Saliendo de la casa más próxima, una vereda sube el cerro, hasta la cumbre, donde olvidada cruz de madera extiende el desaliento de sus brazos…

Y desde la altura se divisa, a todas horas del día, el mar que agita, en la distancia, el tendedero blanco de sus pañuelos mojados.

*Tomado del Periódico “NESHA”/Órgano Mensual de la Nueva Sociedad de Estudiantes Juchitecos/ Julio 1935